Ejercicio de comentario: Descartes

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 26th, 2012 dentro de la categoría Trabajo con textos, filosofía práctica
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A propósito del Racionalismo que acabamos de ver, te propongo un texto de Descartes para que lo comentes:
«La idea de un ser sumamente perfecto, esto es, de Dios, está en mí y no la he recibido por los sentidos y nunca se ha presentado a mi inopinadamente, como las ideas de las cosas sensibles, cuando estas cosas se presentan o parecen presentarse a los órganos exteriores de los sentidos; tampoco es una pura producción o ficción de mi espiritu, pues no está en mi el poder de disminuirle ni aumentarle cosa alguna; y, por consiguiente, no queda más que decir sino que esta idea ha nacido y ha sido producida conmigo, al ser yo creado como también le ocurre a la idea de mi mismo».
(DESCARTES, Meditaciones metafísicas)
Descartes reflexiona aqui acerca de cómo la idea de Dios está presente en el hombre.
Cuestiones:
1. Exponer las ideas y la estructura argumentativa del texto propuesto.
2. Explicar el problema de Dios en Descartes y desarrollar sistemáticamente las principales líneas del pensamiento de este autor.
3. Explicar el problema de Dios en otro autor o corriente de la época moderna.

4. Desarrollar el problema del hombre en un autor o corriente que no pertenezca a la época moderna


Elige el contenido sobre Descartes

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 19th, 2012 dentro de la categoría Comunicado, El rincón de pensar, En el aula, Tecnológico
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Te dejo varias presentaciones para que elijas la que mejor te vaya:

Descartes
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Trabajo de recuperación de FYC de 1º

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 19th, 2012 dentro de la categoría Comunicado, Recuperación, filosofía práctica
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Comenta las ideas pricipales del siguiente documental:


Trabajo de recuperación de Filosofía y Ciudadanía de 1º

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 19th, 2012 dentro de la categoría Filosofía y Ciudadanía, Recuperación
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Podéis leer un libro de Erasmo de Roterdam a elegir entre “Elogio de la locura” o “educación del Príncipe Cristiano” y a continuación preparar un trabajo con al menos los siguientes puntos:

- Brebe resumen de lo tratado por el autor.

- Explicación de su pensamiento: erasmismo

- Influencia del erasmismo en España.

- Erasmo y su relación con Tomás Moro y con Lutero.

- Reflexión personal


Edad Moderna

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 19th, 2012 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, En el aula
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Comenzamos la Edad Moderna, una nueva forma de encarar el pensamiento distinta de la filosofía anterior. Aquí te dejo un esquema de contenídos básicos del Racionalismo:
EDAD MODERNA. EL RACIONALISMO

NUEVA FORMA DE HACER FILOSOFÍA
Autonomía de la razón, se pretende que la fe quede al margen de las discusiones filosóficas.

Dimensión gnoseológica. Ahora el interés se centra casi exclusivamente en el conocimiento, proceso, validez, alcance, etc.

Autosuficiencia de la razón en el conocimiento. Se considera que la razón es arma suficiente para alcanzar elconocimiento y no se necesitan ayudas de ninguna otra instancia.

Ideal deductivo. Las matemáticas son el saber modelo. su método es el más adecuado para aplicar al conocimiento: intuición de los primeros principios y luego deducir sus consecuencias.

Dos líneas diferentes de entender el origen del conocimiento: Racionalismo y Empirismo

RACIONALISMO

Menosprecio de la experiencia.

Innatismo de las ideas.

El orden del pensamiento se corresponde con la realidad.
Recurso a Dios como garantía


Ejercicio de comentario de Santo Tomás

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 13th, 2012 dentro de la categoría Trabajo con textos, Trabajo del alumno, filosofía práctica
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Después de leer el texto propuesto por las PAUS te propongo que te ejercites y compruebes lo que sabes con el siguiente comentario:

Texto:

Respuesta. La existencia de Dios se puede demostrar por cinco vías.

La primera y más clara se funda en el movimiento.
Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada se mueve mas que en cuanto esta en potencia respecto a aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera como lo caliente en acto, v. gr., el fuego hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto. Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas: lo que, v. gr., es caliente en acto, no puede ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez frío. Es, pues, imposible que una cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero, si lo que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, y a éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden por Dios. Suma Teológica, Primera Parte, Cuestión 2,

El texto nos expone una de las vías de demostración de la existencia de Dios.

Cuestiones:
1. Exponer las ideas y la estructura argumentativa del texto propuesto.

2. Explicar el problema de la demostración de la existencia de Dios y desarrollar sistemáticamente las principales líneas de su pensamiento.

3. Explicar el problema de Dios en otro autor ocorriente de la época medieval.

4. Desarrollar el problema del hombre en un autor o corriente que no pertenezca a la época medieval


Santo Tomás se presenta

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 13th, 2012 dentro de la categoría Presentaciones, filosofía práctica
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Las cinco vías tomistas

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 13th, 2012 dentro de la categoría Comunicado, El saber no ocupa lugar, En el aula
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Uno de los puntos centrales de la obra de santo Tomás es la demostración de la existencia de Dios. Tomás lo intenta en una demostración a posteriori.  Vvamos a hacer hincapié en la argumentación utilizada en las cinco vías con un poco más de detalle:
Las Cinco Vías de la Summa Theologiae
Santo Tomás de Aquino escribió estas cinco vías para demostrar la existencia de Dios. Estas cinco vías siguen el mismo esquema: para explicar determinadas cosas es necesaria la existencia de Dios. En efecto, existen dos tipos de demostración: - Demostración propter quid: Aquella que se basa en la causa y discurre partiendo de lo que es absolutamente anterior hacia lo que es posterior. - Demostración quia: Aquella que parte del efecto para conocer la causa. Así, conocemos el efecto, y puesto que éste depende de la causa, dada la existencia del efecto, forzosamente le ha de preceder la causa. Esta última clase de demostración es la usada por Santo Tomás en las Vías.

Primera vía: «Vía del motor inmóvil» o «Vía del movimiento»

Esta vía, también llamada argumento del movimiento, fue formulada primero por Aristóteles, pero luego Santo Tomás de Aquino la incorporó a su propia metafísica del ser.
Se basa en la evidencia del cambio o movimiento que se da en la naturaleza. Es innegable, en efecto, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven, es decir que cambian de un estado a otro. Ahora bien, según el principio de causalidad, todo lo que se mueve es movido por otro. Y si lo que mueve a otro es también movido, es necesario que otro lo mueva. Pero esta serie de motores no puede ser infinita, pues en tal caso no habría un primer motor ni un primer movimiento, ni por tanto los motores y movimientos posteriores. Pero es evidente que hay cosas que se mueven. Por ello, se llega a la conclusión de que existe un primer motor inmóvil (porque si se moviera, sería movido por otro, y él no sería el primero). Y este motor inmóvil es Dios.

Segunda vía: «Vía de las causas eficientes»

Parte de la evidencia de la causalidad eficiente de este mundo. Así, todo lo que ha comenzado a ser ha sido causado por otro. Pero no es posible que la sucesión de causas y efectos sea infinita, porque si lo fuera, no habría una primera causa, ni por tanto una segunda, ni una tercera, etc., etc., ni por tanto causalidad alguna; lo cual es contrario a la evidencia. Por tanto existe una primera causa no causada, que se llama Dios.

Tercera vía: «Vía de los seres contingentes»

Esta vía, también llamada argumento de la limitación en la duración, afirma que hay cosas que empiezan a ser y dejan de ser, y que por tanto pueden no ser; estas cosas se llaman contingentes.
Pero si todas las cosas fueran así, es decir contingentes, entonces alguna vez no hubo nada; porque lo que se puede decir de cada parte del conjunto, se puede decir del conjunto entero, a saber que alguna vez no existió. Pero de la nada no sale nada. Por ello, debe existir un ser necesario para que haya estas cosas o seres. Este ser absolutamente necesario existe por sí mismo y es causante de la existencia de los demás seres, y se llama Dios.

Cuarta vía: «Vía de los grados de perfección»

Esta vía parte del hecho de que hay una jerarquía de valores. De hecho, existen cosas mejores o peores, más buenas y verdaderas que otras.
Para valorar estas cosas, deben ser comparadas con el grado máximo y lo más perfecto. Como hay seres que tienen una perfección limitada, debe existir un ser Perfectísimo y que sea infinito. Este ser es conocido por el nombre de Dios.

Quinta vía: «Vía del orden en el mundo» o «Vía del orden cósmico»

También llamada argumento de la finalidad interna de los seres naturales. Parte de la finalidad que tienen las cosas en la naturaleza. Podemos observar que hay seres sin conocimiento que trabajan y actúan por un fin, para alcanzar lo mejor. Para que los seres carentes de conocimiento lleguen a su fin deben ser ordenados o dirigidos por alguien inteligente. Por lo tanto, deben existir seres inteligentes.
Pero éstos deben ser dirigidos por alguien y así sucesivamente, y como no se puede llegar al infinito, entonces, necesariamente tiene que existir un Ser inteligente que dirija a los demás, el cual es llamado Dios.


Texto de lectura obligada. Santo Tomás

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 13th, 2012 dentro de la categoría Trabajo con textos, filosofía práctica
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Para ir entrando en Santo Tomás, aquí os dejo los textos de lectura obligada:
Tomás de Aquino

Textos

Los textos pertenecen a Summa teológica, obra escrita entre 1265 y 1272. Es ena obra pedagógica, ya en el prólogo el autor avisa que se propone explicar las verdades cristianas a principiantes. Obra bien articulada, clara y con abundantes temas que sintetiza el pensamiento cristiano sobre Dios.
La Summa Teológica tiene tres partes con la tercera incompleta y la segunda dividida en otras dos. cada parte presenta cuestiones, con objeciones y respuestas, y artículos. En los artículos se encuentra la doctrina definitiva del autor
En la parte primera define la teología y su método. Explica a Dios, su existencia y esnencia, la Trinidad, el Creador, el mal, los seres creados ( el hombre), etc.
la parte segunda expone la moral y la tercera la dedica a la cristología, los sacramentos, fin del mundo, etc.

En los textos que nos propone plantea y exige respuesta a tres problemas:
¿Es o no es evidente Dios por sí mismo?
¿Es o no es demostrable?
¿Existe o no existe Dios?

Suma Teológica, Primera Parte
Cuestión 2, Arts 1,2 y 3.

Artículo 1: Dios, ¿es o no es evidente por sí mismo?
Objeciones por las que parece que Dios es evidente por sí mismo:
1. Se dice que son evidentes por sí mismas aquellas cosas cuyo conocimiento nos es connatural, por ejemplo, los primeros principios. Pero, como dice el Damasceno al inicio de su libro, el conocimiento de que Dios existe está impreso en todos por naturaleza. Por lo tanto, Dios es evidente por sí mismo.
2. Se dice que son evidentes por sí mismas aquellas cosas que, al decir su nombre, inmediatamente son identificadas. Esto, el Filósofo lo atribuye a los primeros principios de demostración. Por ejemplo, una vez sabido lo que es todo y lo que es parte, inmediatamente se sabe que el todo es mayor que su parte. Por eso, una vez comprendido lo que significa este nombre, Dios, inmediatamente se concluye que Dios existe. Si con este nombre se da a entender lo más inmenso que se puede comprender, más inmenso es lo que se da en la realidad y en el entendimiento que lo que se da sólo en el entendimiento. Como quiera que comprendido lo que significa este nombre, Dios, inmediatamente está en el entendimiento, habrá que concluir que también está en la realidad. Por lo tanto, Dios es evidente por sí mismo. Lee el resto del post »


Compendio de ideas sobre Santo Tomás

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Enero 13th, 2012 dentro de la categoría Comunicado, El saber no ocupa lugar, En el aula
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ARISTOTELISMO DE SANTO TOMÁS

Interpretación de la naturaleza
Para Aristóteles, el movimiento era el paso de la potencia al acto. Tomás toma el hilemorfismo, la composición de los seres en sustancia y accidente, la teoría de las cuatro causas (material, formal, eficiente y final),…
Una de las 5 vías que tomó Sto. Tomás para demostrar la existencia de Dios fue la del movimiento. Observa el movimiento. Si se mueve es porque alguien lo mueve. En el infinito, se ve el primer motor, que es Dios.

Antropología:
El alma es el principio de vida. El alma es la forma y el acto del cuerpo. El cuerpo y el alma forman una unión sustancial.

Ética:
El fin último del hombre es la felicidad: la contemplación de Dios. Hay una primacía del conocimiento sobre la voluntad (primero entiendo, luego creo). Las normas morales están inscritas en la naturaleza concebida, ésta, teleológicamente. Es la Ley Moral Natural (todos nacemos con la ley moral: no matar, subsistir,…)

RAZÓN Y FE EN SANTO TOMAS
Para Tomás Fe y Razón son dos fuentes de conocimiento distintas, pero no están enfrentadas, como ocurre en el averroísmo, sino que colaboran. Estoy limitado en el conocimiento y la fe me ayuda a ir más allá. Hay una zona de intersección de contenidos comunes a la fe y a la razón, que son las verdades a las que llego por la razón, pero que también la fe me informa de ellas. Esto es así por dos razones:
-Es como un seguro, por si te equivocas por la razón.
-También sirve para que la gente sin formación, que no tiene tiempo ni preparación suficiente para desarrollar el conocimiento, pueda llegar a un pensamiento tan profundo.
¿Cómo colabora la razón con la fe?
La forma de organizarse la Fe (Teología) lo toma de la razón (filosofía).
Las armas para discutir las toma de la filosofía. La Teología se apoya en la Filosofía.
¿Cómo colabora la fe con la razón?
Colabora siendo criterio extrínseco negativo, es decir, te avisa cuando no has razonado correctamente. Lee el resto del post »


Texto de lectura obligada de S. Agustín

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Deciembre 14th, 2011 dentro de la categoría En el aula, filosofía práctica
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San Agustín, Del libre albedrío
Libro II [La libertad humana]
Con la libertad podemos pecar. ¿Por qué nos la ha dado Dios?
1 Evodio. —Explícame ya, si es posible, por qué ha dado Dios al hombre libertad; porque, de no haberla recibido, no podría pecar.
Agustín. —¿Tienes ya averiguado con certeza que Dios ha dado al hombre una cosa que, según tú, no debía haberle dado?
Ev. —Por lo que me parece haber entendido en el libro anterior, poseemos el libre albedrío de la voluntad, y de él nos viene la facultad de pecar.
Ag. —También yo recuerdo que llegamos a esta conclusión categórica. Pero lo que te pregunto ahora es si sabes que Dios nos ha dado esta libertad que poseemos, y de la que nos viene la facultad de pecar.
2 Ev. —Pienso que nadie sino él, porque de él procedemos, y ya sea que pequemos, ya sea que obremos bien, de él merecemos el castigo y el premio.
[La libertad en el proyecto divino]
Ag. —También deseo saber si comprendes bien esto último o si lo crees de buen grado, fundado en el argumento de autoridad, aunque de hecho no lo entiendas.
Ev. —Sobre esta cuestión tengo que confesar que primeramente me he fiado de la autoridad. Pero, ¿puede haber algo más verdadero que el que todo procede de Dios, y que tan justo es castigar a los pecadores como premiar a los que obran bien? Se sigue de aquí que Dios aflige a los pecadores con la desgracia y que premia a los buenos con la felicidad.
3 Ag. —De acuerdo, pero quiero que me expliques el otro punto, esto es, cómo sabes que venimos de Dios, pues no es esto lo que acabas de explicar, sino que de él merecemos la pena o el premio.
Ev. —Esto lo veo bien claro por un motivo obvio, porque ya nos consta que Dios castiga los pecados. En efecto, toda justicia procede de él, porque así como es propio de la bondad hacer bien a los extraños, no es, en cambio, propio de la justicia castigarlos.
4 De donde se sigue claramente que nosotros le pertenecemos, ya que no solo es benignísimo en hacernos bien, sino también justísimo en castigarnos. Además, de lo que ya dije antes, y tú concediste, que todo bien procede de Dios, puede fácilmente entenderse que también el hombre procede de Dios, puesto que el hombre mismo, en cuanto hombre, es un bien, pues puede
vivir rectamente siempre que quiera.
5 Ag. —Evidentemente, si esto es así, ya está resuelta la cuestión que propusiste. Si el hombre es en sí un bien y no puede obrar rectamente sino cuando quiere, síguese que por necesidad ha de gozar del libre albedrío, sin el cual no se concibe que pueda obrar rectamente. Y no porque el libre albedrío sea el origen del pecado, por eso se ha de creer que nos lo ha dado Dios para pecar. Hay, pues, una razón suficiente de habérnoslo dado, y es que sin él no podríamos vivir rectamente. Y que nos ha sido dado para este fin se colige del hecho de castigar Dios a quien usa de él para pecar.
6 Sería injusto ese castigo si el libre albedrío nos hubiera sido dado no solo para vivir rectamente, sino también para pecar. En efecto, ¿cómo podría ser castigado el que usara de su libre voluntad para aquello que le fue dada? Así, pues, cuando Dios castiga al pecador, ¿qué te parece que le dice, sino estas palabras: «¿Por qué no usaste del libre albedrío para lo que te lo di, es decir, para obrar el bien?».
7 Por otra parte, si el hombre careciese del libre albedrío de la voluntad, ¿cómo podría darse aquel bien que sublima a la misma justicia, y que consiste en condenar los pecados y en premiar las buenas acciones? Porque no sería ni pecado ni obra buena lo que se hiciera sin voluntad libre. Y, por lo mismo, si el hombre no estuviera dotado de voluntad libre, sería injusto el castigo e injusto sería también el premio. Mas por necesidad ha debido haber justicia, así en castigar como en premiar, porque este es uno de los bienes que proceden de Dios. Luego era preciso que Dios dotara al hombre de libre albedrío.
Si la libertad es para obrar el bien, ¿cómo es que obra el mal?
[¿Por qué se usa mal la voluntad?]
8 (II 4) Ev. —Concedo que Dios ha dado al hombre la libertad. Pero dime: ¿no te parece que, habiéndonos sido dada para poder obrar bien, no debería tener la posibilidad de pecar? Así sucede con la justicia, que le ha sido dada al hombre para obrar el bien:
¿acaso puede alguien vivir mal en virtud de la misma justicia? Pues igualmente nadie podría servirse de la voluntad para pecar si esta le hubiera sido dada para obrar el bien.
9 Ag. —El Señor me concederá, como lo espero, poderte contestar, o mejor dicho, que tú mismo te contestes, iluminado interiormente por aquella verdad que es la maestra soberana y universal de todos. Pero quiero que me digas brevemente si, teniendo como tienes por bien conocido y cierto lo que antes te pregunté, o sea, que Dios nos ha dado la libertad, procede decir ahora que no ha debido darnos Dios lo que confesamos que nos ha dado.
10 Porque, si es incierto que él nos la ha dado, hay motivo para investigar si nos ha sido dada con razón o sin ella. De este modo, si llegáramos a ver que nos ha sido dada con razón, tendremos también por cierto que nos la ha dado aquel de quien el alma humana ha recibido todos los bienes; si, por el contrario, descubriéramos que nos ha sido dada sin razón, entendamos igualmente que no ha podido dárnosla aquel a quien no es lícito culpar de nada. Mas si es cierto que él nos la ha dado, es preciso confesar que, sea cual sea el modo como nos la dio, no debió dejar de hacerlo, ni debió dárnosla de otro modo; ya que en realidad nos la dio quien en modo alguno puede ser razonablemente censurado en su modo de obrar.11 (5) Ev. —Aunque creo con fe inquebrantable todo esto, sin embargo, como aún no lo entiendo, continuemos investigando como si todo fuera dudoso. Y esta incertidumbre se extiende a que nos haya dado la voluntad libre para obrar el bien, puesto que por ella precisamente podemos pecar, y queda también en el campo de la duda si debió dárnosla o no.
12 Si es incierto que nos ha dado para obrar el bien, es también incierto que se nos haya debido dar, y, por consiguiente, será igualmente incierto que Dios nos la haya dado. Y si es incierto que debió dárnosla, también lo es el que nos la haya dado aquel de quien sería una impiedad creer que nos hubiera dado algo que no deberíamos habernos dado.
Ag. —Tú estás seguro, al menos, de que Dios existe.
Ev. —Sí, eso tengo por verdad inconcusa, pero precisamente por la fe, no por la razón.
[Creer para entender]
13 Ag. —Entonces, si alguno de aquellos insensatos de los cuales está escrito: «Dijo el necio en su corazón: no hay Dios», te dijera a ti esto, y no quisiera creer contigo lo que tú crees, sino que quisiera saber si lo que tú crees es verdad, ¿abandonarías a ese hombre a su incredulidad o pensarías quizá que deberías convencerle de algún modo de aquello mismo que tú crees firmemente, sobre todo si él no discutiera con pertinacia, sino más bien con deseo de conocer la verdad?
14 Ev. —Lo último que has dicho me indica suficientemente qué es lo que debería responderle. Porque, aunque fuera él el hombre más absurdo, seguramente me concedería que con el hombre falso y contumaz no debe discutir absolutamente nada, y menos de cuestión tan importante. Y una vez que me hubiera concedido esto, él sería el primero en pedirme que creyera en su buena fe al querer saber esto, y que tocante a esta cuestión no había en él falsía ni contumacia alguna.
15 Entonces le demostraría lo que juzgo que a cualquiera es facilísimo demostrar: ya que él quiere que, sin conocerlos, otro crea en los sentimientos ocultos de su alma, que solo él conoce, también él crea en Dios en virtud de los libros de tan grandes varones, que dejaron testimonio en sus escritos de haber vivido con el Hijo de Dios. Tanto más cuanto que ellos escribieron haber visto tales cosas que, de no existir Dios, no podrían en modo alguno haber sucedido; y sería necio en extremo este hombre si pretendiera echarme a mí en cara el haberles yo creído a ellos, ya que desea que le dé fe a él. Y si esta actitud de credibilidad no la encuentra reprensible, ¿qué excusa iba a tener para no imitarla?
16 Ag. —Por consiguiente, si respecto a la existencia de Dios crees suficiente el que hayamos juzgado se debe dar fe sin temeridad a varones tan excelentes. ¿Por qué, dime, respecto de estas cosas que hemos determinado investigar como si fueran inciertas y absolutamente desconocidas, no piensas lo mismo, o sea, que, fundados en la autoridad de hombres tan importantes, debamos creerlas tan firmemente que ya no sea preciso gastar más tiempo en la investigación?
Ev. —Porque nosotros deseamos conocer y entender lo que creemos.
17 (6) Ag. —Muy bien por esa llamada de atención; no podemos negar lo que establecimos en los comienzos de la discusión procedente: si el creer no fuese cosa distinta del entender, y no hubiéramos de creer antes las grandes y divinas verdades que deseamos entender, sin razón habría dicho el profeta: «Si no creéis, no entenderéis».
18 El mismo Señor exhortó también a creer primeramente en sus dichos y en sus hechos a aquellos a quienes llamó a la salvación.
Mas después, al hablar del don que había de dar a los creyentes, no dijo: «Esta es la vida eterna, creer en mí», sino que dijo: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti solo Dios verdadero, y a Jesucristo a quien enviaste». Después, a los que ya creían, les dice: «Buscad y hallaréis»; porque no se puede decir que se ha hallado lo que se cree sin entenderlo, y nadie se capacita para hallar a Dios si antes no creyere lo que ha de conocer después.
19 Obedientes, pues, a los preceptos del Señor, seamos constantes en la investigación. Iluminados con su luz, encontraremos lo que por su consejo buscamos, en la medida que estas cosas pueden ser halladas en esta vida por hombres como nosotros; porque si, como hemos de creer, los perfectos ya mientras viven aquí, y ciertamente los buenos y religiosos después de la presente vida, contemplan y consiguen estas verdades con más claridad y perfección, es de esperar que también nosotros lo consigamos. Despreciando las cosas terrenas y humanas, debemos desear, y amar estas divinas.
San Agustín, Del libre albedrío, Biblioteca de Autores Cristianos, 1982 (trad. de P. Evaristo Seijas)

1 | Contextualización de Del libre albedrío
Cuando Agustín de Hipona nació, en el año 354, el Imperio romano estaba desintegrándose, aunque pocos tenían conciencia de ello.
Las incesantes migraciones desde el exterior del Imperio revelan que ser romano seguía siendo todavía un ideal, mientras que en el interior había perdido su significado.
El cristianismo tuvo en este contexto un papel protagonista. Con su mensaje de salvación y su compromiso moral con la totalidad de los hombres, al margen de raza, sexo o clase, los seguidores de Cristo estaban bien preparados para afrontar el colapso del mundo clásico. La época de las persecuciones había concluido. El enemigo del cristianismo no era ya el Estado, sino la heterodoxia. Había que impedir sobre todo que la divergencia de opiniones resquebrajara la unidad espiritual que permitió a los cristianos multiplicarse cuando su fe era considerada subversiva porque apelaba a una autoridad superior a la de los césares.
En aquel momento, en que era una fuerza en expansión, el principal desafío de la cristiandad era la asimilación del paganismo: convertir los viejos ídolos en símbolos e interpretarlo todo de nuevo, insertándolo en un marco diferente. Construir ese nuevo marco fue la labor de los «padres de la Iglesia», entre los que destaca san Agustín.
La visión cristiana gira sobre dos hechos fundamentales: la caída de Adán y la venida de Cristo. El primero es narrado en el libro del Génesis, con el que comienza la Biblia. Allí se dice que Dios creó el mundo y que hizo al hombre a imagen suya a fin de que participara de su perfección, pero que este no se conformó con contemplar el mundo a la luz de Dios, sino que quiso ser como Dios, fuente de sentido. Entonces, el Creador lo abandonó y el mundo, que era un paraíso, se convirtió en valle de lágrimas. A partir de ese día, ser hombre significó vivir siendo consciente del sinsentido de la existencia y de su dolorosa limitación. Pero Dios se apiadó de su criatura e irrumpió en la Historia para redimirlo. La forma en que ocurrió esto resulta poco convincente para la razón, aunque no para el creyente. Si lo que perdió al hombre fue su afán de ser como Dios, de ver las cosas desde sí mismo, la reconciliación debía comportar por fuerza el movimiento inverso. Jesús demanda a los hombres fe, coraje para creer lo increíble. Apela a su corazón, no a su razón, y por eso aconseja amar al prójimo como a uno mismo, esto es, trascender las fronteras de la identidad y la conciencia
personal, ese abismo en el que cayó Adán cuando volvió la espalda al Creador.
El cristianismo es una religión, no una filosofía. Su punto de partida precede a cualquier experiencia  mundana. Cristo religa (religión viene de religare) lo que en el origen quedó escindido. De esa forma redime al hombre del absurdo de una vida sin finalidad. Esta idea es ajena al ámbito donde apareció la filosofía. En Grecia no hay nada equiparable a ella. Los griegos confiaban en la inteligibilidad del Cosmos y en la capacidad del hombre para aprehenderla, aunque no fuera un camino fácil. Desde el primer momento, los filósofos exhortan a salir de la senda trillada, esa vía tradicional que amenaza con sus convenciones nuestra comprensión de la realidad.
La verdad hay que conquistarla. Pero el cristianismo va más lejos. Para él, la conciencia corrompida del ser humano es un escollo absoluto en la búsqueda de la verdad. La única manera de llegar hasta ella es trascenderla. De ahí la importancia de la fe y del amor.
El contraste entre la mentalidad cristiana y la mentalidad pagana no puede ser mayor.
Agustín tardó en descubrirlo. Antes de ser cristiano recorrió un largo camino. Los lectores de sus Confesiones, la primera autobiografía de la Historia, saben cuánto le costó dejar el paganismo. Había rebasado la treintena y era profesor de gramática y retórica, las dos disciplinas básicas en la formación clásica. Si algo lo convenció para dar el paso fue que el cristianismo restauraba la esperanza en
la posibilidad de hallar la verdad (una esperanza que habían perdido los filósofos helenísticos y romanos) y, sobre todo, su manera de interpretar el drama de la libertad.
No es casual que la primera obra que Agustín escribió tras su conversión fuera Del libre albedrío. El texto se divide en tres libros. El primero, compuesto en Roma en el 388, trata del mal. Los otros dos, redactados en África entre el 391 y el 395, del bien y de cómo la presciencia divina no recorta nuestra libertad. Esta constituye para Agustín un hecho insoslayable y radical. Ser hombre significa tener que elegir, hacer esto o lo otro, y hacerlo siempre impelido por la necesidad de que la acción tenga sentido. Tal necesidad se
debe a que nuestras experiencias son siempre fragmentarias. Vivimos en el tiempo, pero este no es nada fuera de la conciencia. Las dimensiones temporales (pasado, presente, futuro) se corresponden con sus estados fundamentales: memoria, atención, expectación.
Haber caído en el devenir temporal y la multiplicidad es el precio del pecado original. Desde entonces, el hombre se afana en vano por dar unidad y sentido a sus experiencias. Cristo rompe esa situación. Gracias a él sabemos que para experimentar lo real en su plenitud hay que trascender el tiempo, ir más allá de la conciencia, recuperar como referencia la mirada divina. Solo dejando espacio a Dios en el alma acontece una verdadera iluminación, que es lo contrario de lo que ocurre cuando el alma gira en torno a sí misma.
Los años en que Agustín escribió el tratado sobre el libre albedrío fueron muy importantes para la Iglesia. Por estas fechas se publicó (354) el edicto contra el paganismo que le otorgó la primacía religiosa en el Imperio. El Imperio, en cambio, entró en una fase de anarquía sin precedentes. El colapso del Estado condujo al caos y la ruina de la civilización. La actitud de la Iglesia en su compromiso de resistencia frente a la degradación civil será un factor decisivo en su futura consolidación, durante la Edad Media. El saqueo de Roma por los godos en el año 410, uno de los hitos de la Historia, demostró que el mundo antiguo estaba agotado. Agustín respondió a aquel suceso con La ciudad de Dios (413-416), un texto sobre la historia y la política que ejercería honda influencia en el siguiente milenio. En él, Agustín se propuso refutar a quienes achacaban la caída de Roma a su cristianización, afirmando que, aunque la providencia gobierne el destino de todas las cosas, el hombre es siempre libre de elegir entre el bien o el mal, y es la libertad la que condiciona la marcha de la Historia. Occidente debe mucho a esta certeza.

2 | Análisis y comentario del texto
La libertad humana
Durante una parte de su vida, Agustín profesó el maniqueísmo. Esta es una doctrina que ve el mundo como un campo de batalla en el que contienden dos fuerzas antagónicas: el bien y el mal. Ambas fuerzas andan confundidas en todas las cosas. Mientras que lo material, identificado con el mal y las tinieblas, es causa de desorden, el espíritu, identificado con la luz y el bien, es el principio del orden. La mezcla de estos principios tiene graves consecuencias: una de ellas es la negación del libre albedrío. El elemento material que nos constituye obra en contra de nuestra voluntad y nada podemos hacer para impedirlo. El hombre se figura ser el dueño de sus actos, pero se trata de una ilusión. Agustín rechaza dicha teoría, incompatible con el cristianismo. Si no somos responsables de lo que hacemos –y no podríamos serlo si no obráramos voluntariamente–, carece de sentido hablar de pecado y también, pues, de redención. El hecho de que nuestra acción esté condicionada por distintos factores no significa que seamos esclavos de ellos. En rigor, se trata de lo contrario: somos libres justo porque podemos apartar de la vista dichos factores y guiar nuestra acción de acuerdo con el Bien incondicionado que es Dios. Siempre que obramos de esta manera, obramos correctamente; en cambio, cuando damos la espalda a Dios, la acción nunca es buena. Se apunta a una diana que carece de valor y, aunque el tirador pueda sentirse feliz de su destreza, el premio de su puntería es una bagatela.
Detengámonos ahora en los apartados I y II del libro segundo de la obra que tenemos que comentar.
El primero lo hemos dividido en dos partes:
El sentido de la libertad
Evodio, interlocutor de Agustín, pregunta a este por qué Dios ha dado al hombre libertad para pecar. Su respuesta remite a algo tratado en el libro I: el correlato de la libertad es la justicia divina, que premia y castiga. Nuestra libertad es, pues, parte del proyecto divino.
La libertad en el proyecto divino
La fe y el principio de autoridad enseñan que Dios es el creador de todas las cosas y su juez. Se entiende, por tanto, que el libre albedrío de la voluntad es un don dado al hombre a fin de que este obre rectamente y se apropie de su destino. La libertad de la voluntad es condición tanto de la acción recta, que es buena y merece ser premiada, como de la acción incorrecta, que es mala y merece ser castigada.
El segundo lo hemos dividido en cuatro partes:
¿Por qué se usa mal la voluntad?
Evodio se pregunta si no hubiera sido mejor carecer de voluntad antes que pecar por ella.
Apelación a la fe Agustín responde preguntándose si procede cuestionar la voluntad de Dios y si no es esta acaso una razón más poderosa que cualquier razón, pues si la libertad es un don divino por fuerza tiene que ser un bien.
Fe y razón
Evodio admite creer todo esto, pero no comprenderlo. Propone, en consecuencia, seguir la investigación como si no creyera.
Creer para entender
Agustín expone la necesidad que tiene la razón de la fe para entrar en el camino de la verdad, pues solo así puede alcanzar la sabiduría que hace posible la buena acción. Este punto es muy importante porque Agustín es el primer autor cristiano que, en vez de desdeñar la razón, buscó la forma de articularla con la fe.
3 | Otros planteamientos filosóficos
El problema de la voluntad y el libre albedrío en la historia de la filosofía
Es un tópico de la literatura filosófica decir que el problema de la voluntad y el libre albedrío no fue planteado hasta la aparición del cristianismo. Esto no es del todo cierto. Se trata más bien de un cambio de horizonte. El cristianismo aborda la cuestión desde el contexto, antes descrito, del pecado y la redención. La naturaleza corrompida del hombre lleva a este a confundir sus fines particulares con el bien y a escoger, por tanto, el mal en vez del bien. Sin la ayuda de la gracia es un ser perdido. Los griegos, en cambio, consideraron el problema de la libertad desde su concepción de la physis. Aristóteles cree que el hombre no puede elegir su ser, pero sí cómo ser. El fin último de sus acciones, aquello en que radica su felicidad, entendida como perfección, no depende de su voluntad, pues lo que el hombre es lo es por naturaleza, aunque sí los medios que usa para lograrlo. Aquí es donde radica el problema, ya que la elección de los medios puede llevar al hombre a desarrollarse en una dirección opuesta a su fin natural. Justo porque puede hacerlo caben el éxito y el malogro, una vida excelente o lo contrario.
Hasta la época moderna, las nociones agustinianas de voluntad y libre albedrío mantuvieron, en líneas generales, su vigencia. Esto cambió en el siglo xviii debido al proceso de secularización impulsado por los ilustrados. La referencia a Dios, como fin supremo, tiende a desaparecer. Kant, por ejemplo, concibe la voluntad como facultad capaz de darse a sí misma la ley y su libertad no como un hecho objetivo, sino como un postulado de la razón práctica. El concepto cristiano de obligación –la sola palabra alude ya a una instancia superior– es reemplazado por el de deber, en el que la única referencia para la voluntad es la propia razón humana.
La idea de una voluntad sin referencias externas (la plenitud aristotélica o el Dios cristiano) ni internas (la razón kantiana) aparece con Nietzsche, quien observa que el concepto de libertad presupone la capacidad de conocer y controlar la voluntad, algo de suyo absurdo, pues es esta la que decide por nosotros. No somos seres racionales o criaturas de Dios que poseen además una voluntad, sino que somos voluntad, voluntad de afirmarse en el caótico devenir. Querer ser esa voluntad sin límites ni referencias es precisamente el rasgo característico del «superhombre». Excelencia y malogro, bien y mal, libertad o necesidad son términos que carecen de sentido en este horizonte, el horizonte de la transvaloración de todos los valores válidos hasta el momento.


Comentario de texto de San Agustín

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Deciembre 14th, 2011 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, Trabajo con textos, Trabajo del alumno, filosofía práctica
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Después de repasar los contenidos de San Agustín atrévete a realizar el siguiente ejerccicio:

Texto: San Agustín
9 Ag. —El Señor me concederá, como lo espero, poderte contestar, o mejor dicho, que tú mismo te contestes, iluminado interiormente por aquella verdad que es la maestra soberana y universal de todos. Pero quiero que me digas brevemente si, teniendo como tienes por bien conocido y cierto lo que antes te pregunté, o sea, que Dios nos ha dado la libertad, procede decir ahora que no ha debido darnos Dios lo que confesamos que nos ha dado.
10 Porque, si es incierto que él nos la ha dado, hay motivo para investigar si nos ha sido dada con razón o sin ella. De este modo, si llegáramos a ver que nos ha sido dada con razón, tendremos también por cierto que nos la ha dado aquel de quien el alma humana ha recibido todos los bienes; si, por el contrario, descubriéramos que nos ha sido dada sin razón, entendamos igualmente que no ha podido dárnosla aquel a quien no es lícito culpar de nada. Mas si es cierto que él nos la ha dado, es preciso confesar que, sea cual sea el modo como nos la dio, no debió dejar de hacerlo, ni debió dárnosla de otro modo; ya que en realidad nos la dio quien en modo alguno puede ser razonablemente censurado en su modo de obrar.
11 Ev. —Aunque creo con fe inquebrantable todo esto, sin embargo, como aún no lo entiendo, continuemos investigando como si todo fuera dudoso. Y esta incertidumbre se extiende a que nos haya dado la voluntad libre para obrar el bien, puesto que por ella precisamente podemos pecar, y queda también en el campo de la duda si debió dárnosla o no.
12 Si es incierto que nos ha dado para obrar el bien, es también incierto que se nos haya debido dar, y, por consiguiente, será igualmente incierto que Dios nos la haya dado. Y si es incierto que debió dárnosla, también lo es el que nos la haya dado aquel de quien sería una impiedad creer que nos hubiera dado algo que no deberíamos habernos dado.
San Agustín, Del libre albedrío. Libro II. Capítulo2.

El texto nos habla de la importancia de la libertad para ser persona con capacidad de decisión moral y la relación con Dios

Cuestiones:

Cuestiones:
1.Exponer las ideas y la estructura argumentativa del texto propuesto.

2.Explicar el problema de la la libertad y Dios en San Agustín y desarrollar sistemáticamente las principales líneas de su pensamiento.


Tomás de Aquino. Texto

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Deciembre 2nd, 2011 dentro de la categoría Trabajo con textos, Trabajo del alumno, filosofía práctica
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Para ir entrando en Santo Tomás, aquí os dejo los textos de lectura obligada:
Tomás de Aquino

Textos

Los textos pertenecen a Summa teológica, obra escrita entre 1265 y 1272. Es ena obra pedagógica, ya en el prólogo el autor avisa que se propone explicar las verdades cristianas a principiantes. Obra bien articulada, clara y con abundantes temas que sintetiza el pensamiento cristiano sobre Dios.
La Summa Teológica tiene tres partes con la tercera incompleta y la segunda dividida en otras dos. cada parte presenta cuestiones, con objeciones y respuestas, y artículos. En los artículos se encuentra la doctrina definitiva del autor
En la parte primera define la teología y su método. Explica a Dios, su existencia y esnencia, la Trinidad, el Creador, el mal, los seres creados ( el hombre), etc.
la parte segunda expone la moral y la tercera la dedica a la cristología, los sacramentos, fin del mundo, etc.

En los textos que nos propone plantea y exige respuesta a tres problemas:
¿Es o no es evidente Dios por sí mismo?
¿Es o no es demostrable?
¿Existe o no existe Dios?

Suma Teológica, Primera Parte
Cuestión 2, Arts 1,2 y 3.

Artículo 1: Dios, ¿es o no es evidente por sí mismo?
Objeciones por las que parece que Dios es evidente por sí mismo:
1. Se dice que son evidentes por sí mismas aquellas cosas cuyo conocimiento nos es connatural, por ejemplo, los primeros principios. Pero, como dice el Damasceno al inicio de su libro, el conocimiento de que Dios existe está impreso en todos por naturaleza. Por lo tanto, Dios es evidente por sí mismo.
2. Se dice que son evidentes por sí mismas aquellas cosas que, al decir su nombre, inmediatamente son identificadas. Esto, el Filósofo lo atribuye a los primeros principios de demostración. Por ejemplo, una vez sabido lo que es todo y lo que es parte, inmediatamente se sabe que el todo es mayor que su parte. Por eso, una vez comprendido lo que significa este nombre, Dios, inmediatamente se concluye que Dios existe. Si con este nombre se da a entender lo más inmenso que se puede comprender, más inmenso es lo que se da en la realidad y en el entendimiento que lo que se da sólo en el entendimiento. Como quiera que comprendido lo que significa este nombre, Dios, inmediatamente está en el entendimiento, habrá que concluir que también está en la realidad. Por lo tanto, Dios es evidente por sí mismo.
3. Que existe la verdad es evidente por sí mismo, puesto que quien niega que la verdad existe está diciendo que la verdad existe; pues si la verdad no existe, es verdadero que la verdad no existe. Pero para que algo sea verdadero, es necesario que exista la verdad. Dios es la misma verdad. Jn 14,6: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Por lo tanto, que Dios existe es evidente por sí mismo.
Contra esto: nadie puede pensar lo contrario de lo que es evidente por sí mismo, tal como consta en el Filósofo, IV Metaphys. y I Poster. cuando trata los primeros principios de la demostración. Sin embargo, pensar lo contrario de que Dios existe, sí puede hacerse, según aquello del Sal 52,1: Dice el necio en su interior: Dios no existe. Por lo tanto, que Dios existe no es evidente por sí mismo.
Respondo: La evidencia de algo puede ser de dos modos. Uno, en sí misma y no para nosotros; otro, en sí misma y para nosotros. Así, una proposición es evidente por sí misma cuando el predicado está incluido en el concepto del sujeto, como el hombre es animal, ya que el predicado animal está incluido en el concepto de hombre. De este modo, si todos conocieran en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición sería evidente para todos. Esto es lo que sucede con los primeros principios de la demostración, pues sus términos como ser-no ser, todo-parte, y otros parecidos, son tan comunes que nadie los ignora.

Por el contrario, si algunos no conocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición será evidente en sí misma, pero no lo será para los que desconocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto de la proposición. Así ocurre, como dice Boecio, que hay conceptos del espíritu comunes para todos y evidentes por sí mismos que sólo comprenden los sabios, por ejemplo, lo incorpóreo no ocupa lugar.

Por consiguiente, digo: La proposición Dios existe, en cuanto tal, es evidente por sí misma, ya que en Dios, sujeto y predicado son lo mismo, pues Dios es su mismo ser, como veremos (q.3 a.4). Pero, puesto que no sabemos en qué consiste Dios, para nosotros no es evidente, sino que necesitamos demostrarlo a través de aquello que es más evidente para nosotros y menos por su naturaleza, esto es, por los efectos.
A las objeciones: Lee el resto del post »


Sube la marea

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Deciembre 2nd, 2011 dentro de la categoría video con contenido
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RESISTIRÉ - MAREA VERDE GREATEST HITS


Figar, toma nota

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Noviembre 18th, 2011 dentro de la categoría El rincón de pensar, Recuperación
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Fuimos muchos los que asistimos a la maifestación de ayer contra la mala gestión de la enseñanza pública madrileña. Aquí lo puedes ver: