Apología de Sócrates

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 6th, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, En el aula, Profesor invitado
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El discurso apologético de Sócrates ha sido precedido por la lectura de la acusación (incluyendo el pedido de muerte), por uno de los acusadores llamado Anito. Este previene a los jueces del poder de convicción de Sócrates. En cambio Sócrates comienza el alegato explicando que el poder de convicción no es otra cosa que decir la verdad. Dice que entre las muchas cosas que se han mentido sobre él, es la de decir que ellos (los jueces) iban a ser engañados por su “habilidad para hablar”. El no dice ser “hábil” salvo que llamen hábil a quien dice la verdad.

Como primera medida Sócrates siente la necesidad de defenderse de las acusaciones falsas que han hecho los primeros acusadores; y después de las acusaciones hechas por acusadores posteriormente. Afirma que de él escucharan expresiones improvisadas y que por ser la primera vez que comparece con un tribunal (pese a tener 70 años) viene a ser como un extranjero respecto del leguaje que se usa ahí. Por lo tanto solicita que se le permita hablar en su estilo, y que solo se atengan a si dice cosas justas o no.
Señala que “los primeros acusadores son los mas temibles, esos que han educado a muchos de ustedes (es decir a los atenienses) desde la infancia, acusándome falsamente y convenciéndolos de que hay un tal Sócrates, hombre sabio, preocupado por cosas del cielo como dado a investigar cuanto hay bajo tierra, y convirtiendo el argumento mas débil en el mas fuerte”.
Sócrates habla de que sus acusadores han sido de dos clases: unos, los que acababan de acusarlo y otros son los que lo acusan desde hace tiempo.

Las antiguas acusaciones.
Como primera medida Sócrates quiere aclarar esa imagen falsa de él. Sócrates es confundido con filósofos de la naturaleza (hoy llamados “presocráticos) y cuya ciencia Sócrates manifiesta desconocer. Por otro lado se lo confunde con sofistas (cobran por enseñar.)
Ahora bien: ¿que decían los que forjaron esa imagen falsa?
“Sócrates es culpable de indagar impertinentemente las cosas subterráneas y celestiales, y de hacer pasar por mas fuerte el argumente mas débil, y enseñar a otros estas mismas cosas”. Además afirman que en la comedia de Aristófanes hay un tal Sócrates que anda por los aires declarando muchas tonterías. A todo esto Sócrates pregunta si alguna vez alguien que presenció sus charlas le oyó hablar sobre tales temas. O de si alguien le vio haciendo fortuna con sus lecciones.
El oráculo de Delfos y la sabiduría de Sócrates

Sócrates reconoce que, aunque no sea filosofo naturalista ni sofista, se ha hecho cierta fama de sabio. Es por ello que intentará explicar qué es lo que le ha creado tal reputación y la falsa imagen. Remonta esto a una consulta de su amigo Querefonte, quien acudió a Delfos para preguntar a la pitonisa de Apolo si había alguien más sabio que Sócrates, y la respuesta fue que Sócrates era el más sabio. Al enterarse de aquello, Sócrates fue al encuentro de los que eran considerados sabios, en el pensamiento de que allí, refutaría la sentencia del oráculo demostrándose que hay otras personas más sabias que él, pese a lo que había dicho el oráculo.

Al dialogar con un sabio de reconocida reputación experimenta lo siguiente: que muchos de los que estaban con el sabio creían que ese hombre era sabio, y sobre todo él mismo lo creía, pero en realidad no lo era. A continuación, Sócrates intenta demostrarle al sabio que aunque el creía ser sabio, no lo era. La consecuencia fue que se atrajo el odio de él, y de muchos de los presentes. Luego Sócrates hace la siguiente reflexión: “yo soy más sabio que este hombre; en efecto, probablemente ninguno de los dos sabe nada valioso, pero este cree saber algo, aunque no sabe, mientras que yo no sé ni creo saber.” Sócrates saca la conclusión de que los de mayor reputación eran los más deficientes, mientras que otros, considerados como inferiores son hombres más próximos a la posesión de la inteligencia. Algo similar le ocurre con los artesanos y con los poetas. Sobre estos últimos Sócrates se da cuenta que los poetas no hacían lo que hacían por sabiduría, sino por algún don natural o por estar inspirados, ya que pese a decir cosas hermosas, ninguno de ellos sabia lo que significaban. Para Sócrates el único sabio es Dios, la sabiduría humana vale poco y nada. Estas afirmaciones le generaron muchos odios contra Sócrates, de los cuales surgen muchos juicios contra él.

El origen de los odios contra Sócrates

La refutación por Sócrates de quienes pasan por sabios irritaba a estos considerablemente, máxime teniendo en cuenta que hay jóvenes seguidores de Sócrates que no sólo disfrutan con lo que hacía Sócrates sino que algunos imitan el procedimiento, dejando en ridículo a hombres mayores. Esto ha ido promoviendo la idea de que Sócrates corrompe a la juventud. Sobre esa base le atacan Meleto en nombre del odio de los poetas, Anito en el de los artesanos y políticos, y Licón en el de los oradores.

Acusación de Meleto

Sócrates lee el texto de la acusación escrita presentada por Meleto. En ella se le acusa de corromper a la juventud y no aceptar los dioses de culto. Veamos las partes más importantes de su diálogo con Meleto.

- SÓCRATES: … has descubierto a quien corrompe a los jóvenes, según dices: soy yo, y me has traído ante ellos acusándome (de ello). Di entonces al que los hace mejores, y revélales quien es.

- MELETO: las leyes.

- SÓCRATES: pero no es eso lo que pregunto, sino qué hombre.

- MELETO: los jueces.

- SÓCRATES: ¿qué dices, Meleto? ¿Ellos son capaces de educar a los jóvenes y de hacerlos mejores?

- MELETO: si, todos ellos.

- SÓCRATES: bueno es esto que dices: gran abundancia de benefactores. Pero veamos, los oyentes que están aquí, ¿los hacen mejores o no?

- MELETO: también ellos.

- SÓCRATES: ¿y los consejeros?

- MELETO: también los consejeros.

- SÓCRATES: ¿los que están en la asamblea?

- MELETO: también aquellos.

- SÓCRATES: entonces, según parece, todos los atenienses, excepto yo, los hacen honorables; solo yo, en cambio, los corrompo. ¿Esto es lo que quieres decir?

- MELETO: precisamente eso es lo que quiero decir.

- SÓCRATES: pero dinos además, Meleto, que es mejor: ¿qué es mejor: vivir entre ciudadanos honestos o deshonestos? Los malvados, ¿no hacen siempre algún mal a los que más cerca de ellos viven, mientras los buenos harán algo bueno?

- MELETO: claro que sí.

- SÓCRATES: pues bien, me haces comparecer pensando que corrompo a los más jóvenes y los pervierto: ¿voluntaria o involuntariamente?

- MELETO: pienso que voluntariamente.

- SÓCRATES: y yo, en cambio, llego a tal punto de ignorancia, que desconozco que, si hago algún daño a los que conviven conmigo, me arriesgo a recibir algo malo de su parte. De modo que todo eso lo hago voluntariamente, según dices. Mas a mi no me convencerás de eso, Meleto, y creo que a ningún otro hombre. O bien yo no corrompo, o bien si corrompo, lo hago involuntariamente. Por consiguiente, en cualquiera de los dos casos mientes. Ahora bien, si corrompo involuntariamente, la ley no dice que se me haga comparecer aquí, sino que se me enseñe y reprenda en privado.

Dioses y demonios

Si el centro de la acusación de Meleto es el de corromper a la juventud, la segunda parte de ella específica el modo en que Sócrates corrompe a los jóvenes: enseñándoles a no creer en los dioses reconocidos por la ciudad sino en otras “cosas” demoníacas. Sócrates pregunta a Meleto si se lo acusa de negar la divinidad de los astros (ateísmo).

Pero los demonios tal como los consideraban por entonces los griegos, son divinidades o bien hijos de dioses, por lo cual la acusación de “ateísmo” es contradictoria. De este modo la acusación escrita es como si dijese: “Sócrates es culpable de no creer en dioses, pero creyendo en dioses.”

Sócrates hace frente ahora al posible reproche de emprender tareas que lo llevan a situaciones de peligro de muerte. A este reproche del sentido común, Sócrates opone el sentido heroico que debe asumir un griego que cumpla con las más antiguas tradiciones, que son a la vez exigencias sagradas. Compara su situación con la de un soldado que no abandona el puesto que le ha asignado su superior, aunque le cueste la vida. Y si lo llegan a absolver pero con la condición de que nunca mas vuelva a filosofar, el lo seguirá haciendo aunque le cueste la vida.

Alejamiento de Sócrates de la política

El hecho de que Sócrates se preocupe tanto por los atenienses sugiere el interrogante de su alejamiento de la vida política. Aquí Sócrates hace mención de una voz demoníaca que desde niño se le ha hecho oír cada vez que estaba a punto de hacer algo indebido. Esta voz o signo divino es lo que se le ha opuesto a que actuara en política. Narra así dos anécdotas en que incursionó o se vió envuelto en política. En ambos casos, por proceder justamente, estuvo a punto de morir. Una de ella sucedió durante el gobierno de los Treinta tiranos donde le ordenaron, junto con otros cuatro, para darle muerte a un tal León. Mientras los otros cuatro acataban las ordenes, Sócrates se apartó y se fué a su casa. Este hubiera muerto sino fuera porque el poder de los Treinta Tiranos no hubiera sido derribado tan pronto.

Lecciones de Sócrates

Sócrates niega terminantemente haber sido maestro de alguien, tener discípulos, en el sentido de darles lecciones. Si bien muchos hombres lo rodeaban, era en forma espontánea y gratuíta. Sócrates jamás exigía dinero por “enseñar”.

El ha dialogado – y nunca ha dicho en privado a alguien algo que no pudiese decir delante de todos – mostrando precisamente las limitaciones del saber formular y la necesidad de una actitud de apertura humilde a la verdad. Algunos lo han imitado por pura diversión. Si hubiera “discípulos” perjudicados por sus “lecciones”, estarían presentes para apoyar la acusación, en cambio se hallan presentes amigos que están dispuestos a declarar a su favor (entre ellos Platón), lo que muestra que no ha impartido “lecciones” corruptoras, sino que ha impulsado a buscar la verdad.

Dado que el juez tiene que hacer justicia y esto lo obliga a ser objetivo en sus sentencias por respeto a la sociedad, Sócrates no incurrirá en las habituales artimañas a que se apela para salvarse de un castigo. Sócrates no ha recurrido a ninguna de las artimañas usuales en este tipo de juicios, como la de lamentarse, traer a los hijos como futuras víctimas de la condena, y otros recursos para tocar la sensibilidad de los jueces. Sin duda, más de uno de los presentes ha echado mano de tales recursos en casos parecidos, y puede sentirse menoscabado al ver la entereza de Sócrates.

Derecho del reo a proponer alternativa al castigo.

Tras el alegato de Sócrates, los jueces votan y la diferencia de votos a favor o en contra de su condena ha de haber sido de sesenta. En caso de empate, al parecer, se resolvía la absolución. Si el tribunal constaba de quinientos miembros, la votación ha sido, pues, de 280 a 220. Ahora bien, al parecer, frente a la pena propuesta por los acusadores (muerte), el acusado tiene derecho a contraponer otro castigo. Sócrates no parece tomar muy en serio esta posibilidad, y su actitud, aunque pueda estar respaldada por una sólida creencia, es puramente irónica y alejada de toda maniobra política. Si debe proponer algo que se merezca, dice, lo que se merece por toda su actuación en la vida es ser sostenido por el Estado, tal como se suele hacer con los vencedores de las olimpiadas. Esta proposición parece destinada a irritar a los jueces. Pero es consciente de que ellos prefieren que elija el exilio, y abiertamente rechaza tal posibilidad. Queda la de pagar una multa, para lo cual, también irónicamente, ofrece su magra fortuna: una mina de plata. en un último momento, ofrece sumas mayores que le garantizan sus amigos, entre ellos Platón.

La muerte como bien

A los que han votado por su absolución, Sócrates los considera verdaderamente jueces. A ellos les hace una confidencia: en ningún momento se le ha puesto el signo demoníaco. Esto significa que obraba bien, y que sin duda el desenlace, la muerte, es para él un bien. A todo esto razona de dos formas: o bien tras la muerte no hay nada y en tal caso la muerte se asemeja a la paz que disfruta un hombre que ha dormido profundamente una noche (y por ende un bien); o hay otra vida y en ella se encontraría con legendarios jueces y con famosos poetas. Y allí podría realizar la actividad por la cual es condenado y sin perjuicio que en aquella vida corra el peligro de ser condenado a muerte por tal proceder. En ambos casos la muerte resulta un bien.

Alocución a los que han votado por la condena.

Los jueces votan, y el resultado es la sentencia de muerte para Sócrates. Duras palabras dirige Sócrates a los que han votado por su condena. Anciano como es, no tendrían que haber esperado mucho para que le llegase la muerte por vía que no comprometiera la reputación de Atenas, ya que la fama trasciende los muros de la ciudad, y su injusta condena dará una pobre imagen de la Atenas democrática. Han querido que hiciera lo que un soldado que, para evitar la muerte, huyera o suplicara al enemigo que no lo mate. Han procedido con bajeza. Además, Sócrates pronostica a estos condenadores que su muerte multiplicara la cantidad de preguntones molestos, de jóvenes filósofos que los acosen con el mismo procedimiento que el ha usado.


La República de Platón. Los grupos sociales y sus virtudes respectivas

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 5th, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, En el aula
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El establecimiento de los grupos sociales tiene por objeto el bien de la ciudad y se inicia prácticamente en la fundación de ésta por la selección de los que han de ser guardianes naturales (374e).Con el mismo fundamento son escogidos después, entre los guardianes, los filósofos gobernantes, que han de ser los mayores en edad
Así pues, la sociedad está basada en la división del trabajo, para lo cual es importante la justicia (armonía social que se consigue cuando cada ciudadano cumple con su papel en la sociedad y lo hace lo mejor posible). Los grupos en los que divide la sociedad son los siguientes:
Los productores. Este grupo es la base económica de la ciudad (Campesinos, pescadores, artesanos, etc. (369 b-372c).) Es la clase social que se preocupa de satisfacer las necesidades materiales de la comunidad. Le corresponde el alma concupiscible del organismo social, y siguiendo el modelo del concepto de hombre, al pueblo le corresponde vivir de acuerdo con la virtud de la templanza, es decir, vivir subordinados a los gobernantes y a los guardianes.
- Los militares. El desarrollo de la ciudad desde el nivel de la mera subsistencia hasta ciertas formas de abundancia hace necesario el surgimiento de un nuevo grupo: el grupo social que defiende la polis de enemigos internos y externos. Los miembros de este ejército habrán de ser escogidos entre los ciudadanos que tengan actitudes para ello (fuerza, rapidez, valentía, amor a la verdad).Les corresponde el alma irascible de la sociedad. (373e-376c) Y su virtud fundamental es la fortaleza, el valor. Deben tener una educación especial y de ella salen, una vez seleccionados los mejores, los destinados a ejercer las funciones de Gobierno.
- Los gobernantes. Tras muchas páginas dedicadas a la educación de los guardianes, Nos propone a este grupo social, que es la inteligencia de la ciudad, se preocupan: de legislar y hacer cumplir las leyes, de educar a los individuos, de contemplar el mundo de las ideas, que es la norma de todo buen gobierno, por eso los gobernantes han de ser filósofos, les corresponde el alma Racional, y su virtud principal es la virtud de la sabiduría y la prudencia, por la cual saben que es lo justo y que es lo recto. Serán elegidos de entre el grupo de los guardianes (412c).La concepción de la justicia descansa en dos principios básicos: la correlación estructural entre del estado y el alma (435d-436ª) y el de especialización funcional, o sea, cada individuo y grupo social han de desempeñar solamente una función. Las razones son básicamente pramáticas. (374a-d).
Platón no contempla la familia como institución de Calípolis. Es el Estado el que programa la procreación y se encargo de la crianza de los bebes, procurando que ningún ciudadano se identifique con sus hijos naturales. La razón de ello, está en evitar que existan bienes particulares que se puedan anteponer a los públicos.
También considera Platón que la mujer ha de tener el mismo trato que el hombre en todos los aspectos. Cree que no debe establecerse una responsabilidad familiar porque entonces podría anteponer los intereses familiares a los de la ciudad.


La República de Platón. El surgimiento del Estado y la división en grupos sociales

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 5th, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, En el aula
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En La República Platón diseñó una sociedad ideal, una “polis” ideal. El libro de Platón lleva como subtítulo “Acerca de la justicia”, y la justicia constituye el tema central del diálogo. Se trata de la justicia y su relación con la felicidad. Ahora bien, la justicia como cualidad de los estados y también de los individuos. El núcleo de su propuesta política será hacer que la sabiduría gobierne la ciudad. La justicia y la felicidad serán posibles si la sabiduría gobierna, dado que la virtud está asimilada a la sabiduría”. Por tanto solo será posible que impere el bien en una sociedad si gobierna la sabiduría. Sócrates propone “construir” idealmente una”polis”y después va dando entrada a los elementos que la integran; se trata de una sucesión lógica no de una descripción del hecho.
La verdadera intención de la política, a juicio de Platón, debe ser el cuidado del alma, y por tanto, tratar de convertirla en lo más virtuosa posible. Las condiciones materiales para que esta función sea posible, se encuentran en la “polis” o ciudad, dentro de la que el rey filósofo fundará una sociedad basada en el supremo valor del bien y de la justicia. La ciudad -estado se convertirá en la única posibilidad de realización de todos y cada uno de los valores morales del individuo y en la única forma posible de sociedad. Platón advierte que la construcción de tal ciudad, sólo será posible atendiendo al conocimiento del hombre y su doble dimensión (cuerpo - alma). De esta manera, el Estado no será otra cosa que la ampliación de nuestra alma, una reproducción en una mayor dimensión de nuestra propia psigé.
Si el hombre está compuesto de cuerpo y alma y ésta se divide en tres, igualmente el Estado ideal debe responder a tal división, por tratarse de una ampliación de nuestra propia alma inmortal e inmutable. La aparición del Estado, nace como respuesta a las necesidades básicas de todo ser humano, que lejos de ser autárquico, precisa de ayuda de sus semejantes. Con arreglo a tal máxima natural, son necesarios los servicios de aquellos que satisfacen las necesidades materiales, desde el alimento hasta el vestido y la vivienda; igualmente, se requieren los servicios de unos hombres que se dediquen a la custodia y la defensa de la ciudad, y por último, y no menos importante, es necesario el esfuerzo de uno varios hombres que atiendan a ciertos asuntos relacionados con el gobierno de la ciudad. De esta manera, surgen los tres estamentos característicos de la sociedad ideal platónica en clara correspondencia con las tres partes del alma humana. En el primer estamento, predomina el aspecto concupiscible del alma, que es el más elemental y favorece el sometimiento de sus miembros a las clases superiores; en el segundo grupo, es la parte irascible del alma la que predomina y dota a esta clase social de fuerza y valentía. Por último, la clase social más alta está representada por la parte racional del alma humana, posibilitando a los que a ella pertenecen un nítido conocimiento de las leyes y normas que más se ajustan a la idea suprema de Bien y Justicia. La ciudad platónica se realiza en primera instancia en el interior del hombre; una educación no apropiada podría poner por encima de la razón otros aspectos del alma que llevarían al individuo y posteriormente a la sociedad en la que vive, a una desestabilización importante.
Sócrates, para reafirmar su postura en defensa de la justicia, analiza la situación a partir de la aparición de El Estado, porque cada uno de nosotros no podemos subsistir por nosotros mismos. La unión de muchos individuos por necesidad es lo que lo crea el Estado. El Estado, en primer lugar, sólo tendrá necesidades primarias (comer, vestir y dormir); en segundo, cada miembro se especializará en una tarea, sólo en una, en la que él tenga más predisposición, así se entregará plenamente a su trabajo y lo hará lo mejor posible (371e). Con esto, no haría falta una población muy numerosa y ya podrían satisfacer las necesidades de todos los miembros. El Estado también debería importar sus excedentes, por lo que harán falta comerciantes y, por tanto, también será necesario un mercado y alguien que acuñe las monedas, por lo que aparecerán los asalariados, que completarán El Estado realizando las tareas más duras. Éste no necesita demasiado, la gente no tiene muchos hijos y se evitan las confrontaciones. Este primer Estado que describe Platón no necesita un gobernante, pero en próximas fases veremos que sí.
Llegará un momento en que los habitantes de El Estado quieran más, aparecerán las necesidades secundarias y, con ellas, los actores, músicos, poetas… Para albergar a toda la población, se deberán ampliar las fronteras, seguramente hasta la costa de otros estados vecinos, con lo que aparecerá el arte de la guerra y, con ella, los guardianes, que deberán ser personas preparadas para la batalla y a su vez cordiales y mansos con los habitantes de El Estado. Esto se conseguirá educándoles el cuerpo (gimnasia) y el alma (376c) (música y literatura). Las diferencias de naturaleza entre las distintas clases están representadas en el mito de los metales (415ªy sgs)


El mito de la caverna

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 2nd, 2008 dentro de la categoría En el aula, video con contenido
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Platón en paneles

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 2nd, 2008 dentro de la categoría En el aula, Presentaciones
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Aquí tenemos una presentación exhaustiva de Platón (Agradecemos la aportación de la profesora Conchi Pérez


Puntos básicos de la filosofía platónica

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 2nd, 2008 dentro de la categoría En el aula
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Ahora que vamos a estudiar a Platón lo primero que tenemos que ver es un esquema básico de sus ideas para que nos sirva de guión en nuestras exposiciones.


Pericles y los ideales de la polis ateniense.

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 1st, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar
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La teoría política de la democracia ateniense no se encuentra recogida y formulada en ningún texto fundamental a la manera de una Constitución actual. La ideología básica de esta constitución popular, que fue perfilándose en sucesivas reformas, fue el resultado de un proceso histórico que podemos recomponer en sus líneas fundamentales por textos de la época. La democracia ateniense funcionaba sin una declaración expresa de sus principios fundamentales, aunque podemos encontrar algunos textos donde estos principios se exponen con claridad y brillantez. Fundamentalmente el discurso u “Oración Fúnebre” que Tucídides pone en boca de Pericles en el primer año de la Guerra del Peloponeso. En la Oración Fúnebre que Tucídides pone en boca de Pericles, el orador hace un elogio del sistema de gobierno ateniense y del carácter y manera de conducirse del pueblo de Atenas, del que son ejemplo los guerreros muertos. Para Pericles las virtudes del pueblo y las virtudes del régimen político son la misma cosa: el ideal humano que se alcanza por vivir en Atenas está íntimamente unido a la práctica política en la polis.

Pericles nacido en el 490 a.C. de familia aristocrática se inició en la participación política por su tradición familiar. Era un gran orador que desarrolló una política independiente en busca de lo que consideraba justo. Fue elegido general/estratega de Atenas por la Asamblea sucesivamente desde el año 443 hasta su muerte en el 429. Su papel fue importante no sólo en política, sino también en el desarrollo cultural y artístico de Atenas. Se dice que inspiró a Fidias (Partenon: el hombre medida de todas las cosas) y era amigo de Sófocles, de Pitágora y Anaxágoras. Buen soldado, polemista, negociador, versado en Filosofía y austero en su modo de vida. Ningún griego de la época gozó de tanto poder como Pericles, sus adversarios se fueron sometiendo progresivamente a él y ninguno de sus sucesores tuvo una influencia tan importante.

Es una figura típica de la democracia ateniense, en cuyo ámbito sólo podía surgir este tipo de figuras: por el nivel cultural e intelectual, por la libertad de expresión en la vida pública que permitía que pudieran destacar los oradores y ser elegidos democráticamente.

En el siglo de Pericles, Atenas estaba gobernada por 10 estrategas (o generales) que eran elegidos cada año por las 10 tribus ciudadanas. Estos estrategas tenían a su cargo el preparar las expediciones guerreras, recibir a los enviados de los demás pueblos y dirigir la política. Durante el mandato del estratega Efialtes como jefe del partido demócrata, Pericles fue su ayudante. A Efialtes le asesinaron sus enemigos personales y fue entonces cuando le sustituyó Pericles a quien nombraron estratega en el año 445 a.C, cargo en el que se mantuvo hasta su muerte en el 429A.C., siempre por elección popular de la Asamblea.
Pericles fue un gran orador, cualidad ésta que le permitió tener grandes éxitos con su palabra en la Asamblea, exponiendo su visión de la política. Uno de sus mayores aciertos fue conseguir que se permitiera el acceso a los cargos de funcionario público a los ciudadanos atenienses llamados tetes (o thetes), que eran aquellos que carecían de riquezas. Otro gran acierto de su gobierno fue la institución de la mistoforia que significa literalmente función asalariada); es decir, un salario especial para los ciudadanos funcionarios que asistieran a la Asamblea. De esta manera estos ciudadanos no perdían nada aunque se tuvieran que dedicar por completo a estos cargos públicos. Con este sistema logró Pericles que la Asamblea estuviera siempre llena de asistentes. Como gobernador de Atenas consiguió que esta ciudad llegara a ser la primera y la más importante del mundo griego, adquiriendo unas instituciones democráticas.

El pueblo soberano se gobernaba a sí mismo, sin intermediarios, decidiendo los asuntos de Estado en la Asamblea. Los ciudadanos atenienses eran libres y sólo debían obediencia a sus leyes y respeto a sus dioses. Lograron la igualdad de palabra en la Asamblea; lo mismo valía la de un pobre que la de un rico. No desaparecieron las clases censoriales pero su poder fue más limitado; repartían los cargos fiscales y militares, pero ya no tenían el poder de distribuir los privilegios.
El principio de igualdad otorgado a todos los ciudadanos llevaba en sí el riesgo del fraude, ya que muchos de ellos eran incapaces de ejercer los derechos políticos debido a su extrema pobreza o a su ignorancia. Para evitar esto, la democracia ateniense se aplicó la tarea de ayudar a los más pobres de esta manera:
Concesión de salarios a los funcionarios públicos.
Buscar y proporcionar trabajo a los pobres.
Otorgar tierras a los campesinos desposeídos.
Asistencia pública para los inválidos, huérfanos e indigentes.
Hubo otras ayudas sociales más.

Estas normas debieron cumplirse en gran medida, pues nos ha llegado el testimonio (entre otros) del historiador griego Tucídides (aprox. 400 a.C), que comenta: Todo aquel que es capaz de servir a la ciudad no encuentra impedimento alguno, ni la pobreza, ni la condición ciudadana.


Comprueba tus conocimientos

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 29th, 2008 dentro de la categoría En el aula, filosofía práctica
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En la bitácora “webdianoia.com” puedes encontrar un test para comprobar tus conocimiento sobre los presocráticos.

Atrévete a responder y comprobar las respuestas.


Resumen de Sócrates

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 29th, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, En el aula, Presentaciones
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A modo de resumen aquí tenemos dos presentaciones con las ideas importantes de Sócrates
Sócrates y sofistas
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Sofistas y Sócrates

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La herencia socrática.

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 26th, 2008 dentro de la categoría El rincón de pensar, El saber no ocupa lugar, En el aula
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Se puede decir que la herencia mayor que deja es su forma de entender la ética. El comportamiento es justificado de acuerdo al “intelectualismo moral”. Toda la filosofía griega, hasta la irrupción del cristianismo, se va a guiar por el intelectualismo moral. El intelectualismo moral va a asimilar bien con virtud, el hombre no es bueno o malo, sino sabio o ignorante. Si conoces el bien ya no haces el mal. Si haces el mal es por ignorancia. Según esta manera de ver las cosas no tiene que haber cárceles, sino escuelas. Su influencia se puede ver hoy en la filosofía de redención penitenciaria de pena si sirve a la reinserción.
Platón va a plantear el intelectualismo cuando asimila conocimiento con la purificación del alma que expone en la alegría de la línea. También nos dice que el gobernante debe ser el sabio porque al ser el mejor sabe dirigir mejor. Aristóteles estará en la misma línea de conseguir la felicidad por medio de la virtud que consiste en “saber” elegir el punto medio. Los pensadores de las escuelas helenísticas recogen el mismo pensamiento y proponen la ética paradigmática. Aquí el bueno es el sabio, y éste lo proponen como modelo.
El Cristianismo va a dar protagonismo a la voluntad y deja en un segundo plano al conocimiento a la hora de justificar el comportamiento. Tú puedes saber donde está el bien y, sin embargo, practicar el mal. Eres libre para ejercer el mal.
En otro orden de cosas Platón en su época de juventud es totalmente socrático y sus escrito son referencia de las vivencias que tuvo con su maestro. De hecho el diálogo “Apología de Sócrates” es un canto y una loa al que fuera su maestro. En muchísimos diálogos expone el método socrático y en todos ellos Platón pone en boca de Sócrates las ideas del propio Platón.
A partir de Sócrates la filosofía entendió que la ciencia para ser tratada como tal debe de estructurarse con conceptos universales a los que Sócrates llega en la última parte de su método: la definición. Platón pondrá en otro mundo, el inteligible, los conceptos científicos a los que llamará IDEAS. Aristóteles al negar las ideas platónicas tiene que sacar los conceptos de otra manera, por la abstracción. Pero todos convienen en que la ciencia se hace a base de conceptos.


Ideales de la polis democrática.

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 26th, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, En el aula
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Texto “Oración Fúnebre” de Pericles en Tucídides, Historia de la Guerra del peloponeso, Libro II,40.

Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros que imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor; de acuerdo con nuestras leyes, cada cual está en situación de igualdad de derechos en las disensiones privadas.(…)

Y nos regimos liberalmente no sólo en lo relativo a los negocios públicos, sino también en lo que se refiere a las sospechas recíprocas sobre la vida diaria, no tomando a mal al prójimo que obre según su gusto, ni poniendo rostros llenos de reproche, que no son un castigo, pero si penosos de ver. Y al tiempo que no nos estorbamos en las relaciones privadas, no infringimos la ley en los asuntos públicos, más que nada por un temor respetuoso, ya que obedecemos a los que en cada ocasión desempeñan las magistraturas y a las leyes, y de entre ellas, sobre todo a las que están legisladas en beneficio de los que sufren la injusticia, y a las que por su calidad de leyes no escritas, traen una vergüenza manifiesta al que las incumple. Y además nos hemos procurado muchos recreos del espíritu, pues tenemos juegos y sacrificios anuales y hermosas casas particulares, cosas cuyo disfrute diario aleja las preocupaciones; y a causa del gran número de habitantes de la ciudad, entran en ella las riquezas de toda la tierra, y así sucede que la utilidad que obtenemos de los bienes que se producen en nuestro país no es menos real que la que obtenemos de los demás pueblos.

En lo relativo a la guerra diferimos de nuestros enemigos en lo siguiente: tenemos la ciudad abierta a todos y nunca impedimos a nadie, expulsando a los extranjeros, que la visite o contemple pues confiamos no tanto en los preparativos y estratagemas como en nuestro vigor de alma en la acción.(…) por estos motivos y por otros es aún nuestra ciudad digna de admiración.(…)

Pues amamos la belleza con poco gasto y la sabiduría sin relajación; y utilizamos la riqueza como medio para la acción más que como motivo de jactancia, y no es vergonzoso entre nosotros confesar la pobreza, sino que lo es más el no huirla de hecho. Por otra parte, nos preocupamos a la vez de los asuntos privados y de los públicos, y gentes de diferentes oficios conocen suficientemente la cosa pública; pues somos los únicos que consideramos no hombre pacifico, sino inútil, al que nada participa en ella, y además, o nos formamos un juicio propio o al menos estudiamos con exactitud los negocios públicos, no considerando las palabras daño para la acción, sino mayor daño el no enterarse previamente mediante la palabra antes de poner en obra lo que es preciso. Pues tenemos también en alto grado esta peculiaridad: ser los más audaces y reflexionar además sobre lo que emprendemos; mientras que a los otros la ignorancia les da osadía, y la reflexión, demora. Sería justo, por el contrario, considerar como los de ánimo más esforzado a aquellos que mejor conocen las cosas terribles y las agradables, y que no por ello rehuyen los peligros. Y en cuanto a nobleza de conducta, diferimos de la mayoría en que no adquirimos amigos recibiendo beneficios, sino haciéndolos.(…) Y somos los únicos que sin poner reparos hacemos beneficios no tanto por cálculo de la conveniencia como por la confianza que da la libertad.

En resumen, afirmo que la ciudad entera es la escuela de Grecia, y creo que cualquier ateniense puede lograr una personalidad completa en los más distintos aspectos y dotada de la mayor flexibilidad, y al mismo tiempo el encanto personal.(…) Fue por una ciudad así por la que murieron éstos, considerando justo, con toda nobleza, que no les fuera arrebatada, y por la que todos los que quedamos es natural que queramos sufrir penalidades.
Por estas razones me he extendido en lo relativo a la ciudad, mostrándoos que no luchamos por una cosa igual nosotros y los que no poseen a su vez nada de esto, y demostrando con pruebas la verdad del elogio de aquellos en cuyo honor hablo ahora
“.

El discurso de Pericles a los atenienses tal y como lo recoge Tucidides, es una de las descripciones más vivas y emocionantes de la democracia. Al leerlo nos damos cuenta de que hace más de dos milenios ya había seres humanos luchando por las ideas de Libertad, Justicia e Igualdad, pero sobre todo en esta lucha participaba todo el pueblo. Era el verdadero demoscratos, gobierno del pueblo.

Pero hay algo aún más profundo en el discurso en honor de las victimas de la guerra, lo importante son las personas, Atenas era grande por sus gentes, por el respeto entre individuos, por el orgullo que cada uno de sus ciudadanos sentían, no por ser atenienses, sino por lo que ello significaba, ser individuos completos y activos. La grandeza de Atenas era que todo ciudadano podía participar directamente en la adopción de las decisiones públicas con sus opiniones y sus votos, lo que potenciaba su identificación con los proyectos colectivos y el uso de la razón como forma de discutir y enfrentarse a los problemas. Esa forma de gobierno permitía a los atenienses considerarse auténticamente iguales entre si y ser lideres y héroes en potencia, lo que les impulsaba a tener un alto concepto de su propia dignidad y de su importancia como individuos. Posiblemente debido a todo ello se produjo en Atenas uno de los avances más espectaculares en la historia de la humanidad, con aportaciones artísticas, intelectuales y culturales auténticamente revolucionarias y cuya influencia todavía hoy, casi 2500 años después, tienen un enorme peso en nuestra manera de ver el mundo.


Atenas, polis democrática

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 26th, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar
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La consolidación de las polis, en general y de la de Atenas en particular, arranca del final de las guerras Médicas, en las que se enfrentan atenienses y persas por el apoyo que los primeros habían prestado a los griegos de las colonias de Asia Menor contra el imperio persa. Los atenienses vencieron a los persas, a pesar de que tenían un ejército inferior, pero era un enemigo temible. Esto supuso un espaldarazo para la forma de vida y organización griega y una autoafirmación de su forma de vida y de sus ideales. El imperio persa era una gran potencia militar, con un gran ejército formado por mercenarios a sueldo y regidos por un déspota. El descalabro de esta gran organización política es importante porque pierde frente a una pequeña unidad política griega. Además, el triunfo de la polis también fue importante desde el punto de vista económico porque llegaron a la ciudad una gran cantidad de esclavos a los que se les había otorgado la libertad por estar de remeros en el ejército. Las batallas decisivas para señalar el final de las guerras Médicas (500-479 a.C) son las de Maratón y Salamina. La primera quizá sea la que más reminiscencias tiene por su significado y leyenda posterior, parece que exagerada. Se desarrolló en la llanura de Maratón y enfrentó al ejército ateniense dirigido por Milcíades contra la fuerza persa enviada por Darío. En las Olimpiadas se estableció la maratón en homenaje al guerrero ateniense Filípides, que cuentan fue corriendo la distancia que separaba la llanura de Maratón de Atenas para anunciar la victoria 842 km.).
En cualquier caso, en la victoria contra una potencia hegemónica han intervenido con fuerza las clases populares y prácticamente con los mismos derechos que tradicionalmente tenían los aristócratas. Son conscientes y se sienten orgullosos de que haya sido su espíritu y su forma de organización lo que les ha llevado al triunfo frente a un imperio despótico.

El esquema por el que se gobernaban las polis no era el mismo en todas, hay variaciones entre ellas y cada una resolvía los problemas a su manera: unas tuvieron tiranos, otras no; unos pasaron a democracia, otras no. Sin embargo, a nosotros nos interesa la forma de organización de Atenas y Esparta porque tras la derrota de los persas estas dos ciudades con sus aliados fueron las que marcaron el rumbo de los acontecimientos en los siguientes 50 años. Los persas resultaron dañados pero no aplastados, con lo que convenía prepararse para un posible ataque persa. Por ello, bajo la dirección de Atenas se organizó una liga de defensa (Confederación de Delos) entre las ciudades aliadas de Atenas. Mediante contribuciones que hacían las ciudades se construyó una gran flota que consiguió alejar a los persas del mar Egeo. La Liga cobró fuerza y se fue convirtiendo en una especie de Imperio comandado por Atenas, que era la potencia hegemónica y rectora del destino de sus aliadas. Con el tiempo Esparta y sus aliados se sintieron amenazados por la gran acumulación de poder y de recursos que estaba llevando a cabo Atenas. Lo cual hizo que el conflicto entre ambas terminara por ser inevitable.
La Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) fue un conflicto sin precedentes por la cantidad de hombres y de ciudades-Estado implicadas. La guerra fue un desastre para la Atenas democrática que perdió frente a Esparta, pero también supuso el fin de una forma de organización y de concepción de la vida política. Fue el fin de las polis.
En definitiva, el rasgo distintivo de las polis es que implicaba una forma de vida tanto desde el punto de vista material y económico como ideológico. Los habitantes de las polis se integraban en una comunidad emocionalmente identificada con su ciudad y con sus valores e ideales. De todas formas, también hay que tener en cuenta que la unanimidad y la armonía en torno a unos valores e ideales dentro de las polis no fue absoluta, ya que se dieron enfrentamientos y diversidad de opiniones con respecto a estos ideales democráticos.


La polis griegas en el siglo VI a.c.

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 25th, 2008 dentro de la categoría Comunicado, El saber no ocupa lugar, En el aula, Profesor invitado
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La polis (ciudad-estado) no sólo designa el sitio físico, la ciudad, sino que en su esencia y sentido trascendente polis es el conjunto del pueblo que actúa de común acuerdo y que tiene un lugar donde reunirse en asamblea para discutir y buscar soluciones a los problemas colectivos (ágora). En el ágora se hacían intercambios comerciales y también se discutía y se formaban las corrientes de opinión. El centro político-administrativo-social de la polis era la “Acrópolis”, esta es la parte alta de las ciudades griegas y de otras, ubicada en lo alto de la colina donde se construían edificaciones emblemáticas como templos o plazas de reunión, y en la que se reunían personalidades importantes de la ciudad para actos también importantes. La Acrópolis más importante es la acrópolis de Atenas, que incluye el Partenón

Las polis pretendían ser comunidades autárquicas, aunque esto era más bien un ideal que una realidad.

El tamaño de la polis era variado pero generalmente son de poca extensión. Como extremos se podían encontrar a Atenas con 2.600 km², y en isla de Ceos de 173 km² había 4 polis.

Tras la desaparición de la “Civilización micénica” los griegos formaron pequeñas comunidades, que evolucionaron en el siglo VIII a d C, y se convirtieron en ciudades. A diferencia de las ciudades de los grandes imperios (Mesopotamia, Egipto, Persia), que estaban organizadas alrededor del palacio real y del templo, el centro de la polis lo constituía el ágora, un espacio abierto donde los ciudadanos acudían para comerciar y para intercambiar ideas, por lo tanto en ella tiene lugar la vida política de la polis, y es en ella donde surge también la filosofía griega.

Las polis se constituyeron como una unidad política, social y económica de Grecia, pero si bien compartían una lengua, religión común, lazos culturales. En sus inicios, las polis estuvieron dominadas por caudillos militares, los basileus. En muchos casos ejercían el poder religioso y judicial. A mediados del siglo VII a.C, el gobierno de tipo oligárquico, fue cobrando impulso sobre el monárquico. De esta manera el poder político pasó a manos de asambleas formadas por representantes de las familias locales más ricas e influyentes, los eupátridas.

Estas asambleas cada año elegían de entre los eupátridas a un número determinado de magistrados. Los magistrados se encargaban de dirigir el ejército y llevar los asuntos religiosos, entre otras tareas.

Los miembros de la clase dirigente, denominados “de los mejores” detentaban el poder económico y político, monopolizaban además las tierras. Estos miembros eran los únicos que podían intervenir en las guerras, debido al alto coste que suponía la compra de armas y armaduras de metal. El pueblo gobernado, el demos, solamente participaba en la vida pública cuando así era requerido por la asamblea aristocrática.

Este sistema aristocrático o gobierno de los mejores revela la existencia de círculos de parentesco hereditarios. Desde su nacimiento una persona, ya sea un terrateniente o un campesino, quedaba integrada en diferentes. Las tribus estaban divididas en comunidades que se formaban con los descendientes de un héroe o de algún dios ancestral (fratías). La rígida estructura social justificó el predominio y capacidad de liderazgo de la aristocracia griega durante muchas décadas.

Diferentes factores hicieron que con el tiempo, la aristocracia viera desestabilizado el orden político y social que existía. Estos factores fueron:

1.- La consolidación del comercio y de la artesanía como actividad generadora de riqueza: Ciudadanos que no provenían de las grandes familias prosperaron gradualmente hasta lograr una cierta riqueza pero que carecían de derechos políticos.

2.- Revueltas sociales: El empobrecimiento de los campesinos hizo que no pudieran pagar sus deudas y se convirtieran en esclavos, provocando una gran tensión social en el campo con el consecuente estallido de revueltas.

3.- Necesidad de nuevos soldados: La necesidad de tener más cantidad de soldados requería que fueran reclutados entre el pueblo, con lo que se creó la falange hoplita, pero siendo ciudadanos no aristocráticos acabaron pidiendo un reconocimiento de sus derechos políticos.

Con el objeto de resolver la crisis política y social, en algunas polis se decidió dar una respuesta a las exigencias reformistas de las clases inferiores y medias, con lo cual se impulsaron medidas en favor de una mayor justicia social.
Los legisladores más importantes del mundo griego arcaico fueron Licurgo de Esparta y Solón quien redactó una constitución para Atenas, a principios del siglo VI a.C.
Con el fin de evitar las rebeliones, Solón fijó una serie de cambios para evitar las desigualdades sociales. Algunas de las medidas adoptadas para favorecer a los pequeños agricultores fueron:

    Suprimió los impuesto excesivos.
    Canceló sus hipotecas.
    Abolió la esclavitud por endeudamiento.
    Devolvió la libertad a los campesinos hechos esclavos por deudas.
    También impuso medidas que igualaban a los nuevos ricos con los antiguos terratenientes. Algunas fueron:
    Modificó las instituciones políticas de la ciudad.
    Estableció nuevas leyes que serían cumplidas por todos los ciudadanos.

    A pesar de medidas adoptadas, los conflictos sociales continuaron en muchas ciudades griegas. Entre los siglos VII y VI a.C, ésta situación fue aprovechada por aristócratas que, actuando de manera aislada, trataron de usurpar el poder y terminar con las oligarquías locales. Estos personajes recibieron el nombre de tiranos (palabra de origen asiático, que significa señor neutral. Existía una gran rivalidad entre las diferentes polis, consideraban que el reducido tamaño de cada una era lo más idóneo para practicar una adecuada política.
    Los tiranos llevaron a cabo, en sus comienzos, políticas populares, lo que produjo una aceptación por parte del pueblo pero en contra de las familias aristocráticas. Impulsaron la construcción de suntuosos templos, edificios, e invirtieron los impuestos en obras públicas. Estas obras posibilitaron que una gran parte de la población tuviera trabajo.
    Su popularidad y prestigio se veía incrementados cuando participaban en guerras contra los estados rivales. Se organizaron, además, fiestas religiosas en las que participaban todos los ciudadanos sin distinción de clases.
    El gobierno absolutista ejercido por ellos aportó grandes beneficios a las ciudades; fomentaron la creación y reforma de leyes, mejoraron el sistema jurídico y la convivencia ciudadana, y ampliaron el comercio en forma considerable.
    En muchas oportunidades sustituyeron a los magistrados por amigos y familiares, pero respetando la constitución vigente. El contacto marítimo era el vínculo principal que mantenía unido al mundo griego, razón por la cual sus habitantes fueron excelentes marinos. Esta habilidad fue aprovechada tanto en asuntos civiles como militares. Muchas de las ciudades-estado dependían en gran medida del comercio marítimo. Se encontraron, mercancías griegas en Asia y Europa occidental, en lugares muy alejados de su origen.


Empezamos a funcionar

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 22nd, 2008 dentro de la categoría En el aula, Trabajo del alumno
2 comentarios »

Esto funciona, ya han empezado los alumnos a abrirse los blogs para la clase de filo y pronto aparecerán en el feevy destinado para ellos. Es la fuerza de las TIC en el aula.


Parménides en Paneles

Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 22nd, 2008 dentro de la categoría En el aula, Presentaciones
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