Pseudodionisio Aeropagita
Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Deciembre 10th, 2009 dentro de la categoría Comunicado, En el aulaOtras fuentes de platonismo medieval: Pseudo Dionisio
El platonismo medieval básicamente se centra en el Agustinismo, es decir los seguidores de las propuestas de San agustín. Pero sería injusto no tener en cuenta la influencia de otras líneas de pensamiento que también contribuyeron a introducir el Platonismo en la Edad Media como ocurre con el Neoplatónico cristiano Pseudo-Dionisio Areopagíta, fundador de la Teología Negativa.
Dionisio Areopagita (es el nombre que se dio a sí mismo) se consideraba el único griego que convirtió Pablo de Tarso cuando llegó a Atenas y predicó en su Areópago, como señaló el mismo apóstol de los gentiles, pero en realidad se trata de un anónimo teólogo bizantino que vivió entre los siglos V y VI después de Cristo. Este teólogo bizantino fue quien escribió las cartas de Dionisio (el discípulo del apostol San Pablo), firmándolas con el mismo nombre de Dionisio Areopagita, seguramente para resaltar la autenticidad de las mismas.
Por algunos rasgos de sus obras parece proceder de Siria y haber escrito hacia los 20 ó 30 años de edad, situándolo alrededor del 500 después de Cristo. Sus obras, algunas de las cuales aparecen como dirigidas a Timoteo, Tito, Policarpo y aún al mismo apóstol San Juan, fueron ya reputadas apócrifas por un obispo oriental de la primera mitad del siglo VI; pero hasta el siglo XVI no se volvió a discutir sobre este tema, rebautizándose entonces al autor con el nombre de Pseudo Dionisio, con el que desde entonces se le suele conocer.
Tenemos de él 4 tratados y 10 cartas que están en relación estrecha con aquéllos. Los tratados son: Sobre los nombres de Dios, donde se investiga la esencia y los atributos divinos; Sobre la teología mística, en que se trata de la unión del alma con Dios; Sobre la jerarquía celestial, que versa sobre los ángeles y su agrupación en tres tríadas con tres coros cada una (la primera, la más cercana al hombre, está compuesta de ángeles, arcángeles y principados; la segunda, de los coros de las virtudes, dominaciones y potestades; la última, de serafines, querubines y tronos); y Sobre la jerarquía eclesiástica, en que haciendo un paralelismo con aquellas tríadas se habla de tres sacramentos, de tres grados en el orden sacerdotal y de tres grados en los laicos, uno de los cuales, el de los imperfectos, se divide de nuevo en otros tres. Su obra fue traduccida durante el siglo XV al latín por Ambrosius Traversarius, introduciendo nuevamente en occidente su lectura.
Creó la teología negativa, según la cual no nos es dado decir lo que Dios es, sino solamente lo que no es.
El problema central en el pensamiento del Pseudo-Dionisio es el de la naturaleza de Dios, y el de las posibilidades —e imposibilidades— de nombrarlo adecuadamente. «Es una regla universal —escribe al comienzo de su tratado sobre los nombres divinos— que conviene evitar aplicar temerariamente ninguna palabra, y hasta ningún pensamiento, a la Divinidad sobreesencial y secreta, con excepción de lo que nos ha sido revelado divinamente en las Sagradas Escrituras.» Por lo tanto, todo conocimiento de Dios viene del propio Dios. Lo que se puede decir de Él de acuerdo con los nombres que aparecen en las Escrituras constituye el tema de la teología afirmativa. Superior a ella, sin embargo, es la teología negativa, en la cual se niega cuanto se había afirmado. Pero como esta teología negativa no hace sino reconocer la imposibilidad de aquella posibilidad, es necesario completarla con una teología superlativa, la cual consiste en admitir los nombres de Dios, pero en declarar que no podemos concebirlos. Esto sucede, según el Pseudo-Dionisio, no solamente con aquellos nombres con los cuales se pretende describir metafóricamente la Divinidad, sino también con aquellos que apuntan a una descripción metafísica. Dios es, en efecto, de tal modo superior y trascendente, que aunque hablemos de Él como el Bien, como el Ser y como lo Uno, deberemos entenderlo en un sentido que trasciende todas las significaciones, aun las más depuradas, de estos términos. En rigor, podemos decir —aunque no propiamente entender— que Dios es el Supra-Ser y lo Supra-Uno. Ahora bien, la teología superlativa no es una «solución» metafísica. Al final del citado tratado, el Pseudo-Dionisio señala que seguimos siempre «más acá» de lo que significan los nombres divinos, y que «los propios ángeles» deben confesar a este respecto su insuficiencia. La conclusión parece ser, pues, una teología mística en la cual el hombre alcanza el supremo «saber» por medio de la suprema ignorancia. Así, todo lo que el Pseudo-Dionisio dice de Dios y de su creación debe entenderse a la luz de las citadas restricciones. De acuerdo con ellas podemos decir que Dios es la Luz que ilumina todos los seres, los cuales son solamente en la medida en que están bañados por esa Luz que se desparrama por todos los entes. Al desparramarse, sin embargo, esa Luz no se pierde, divide o sume en la oscuridad. Todos los seres iluminados están ligados por el Amor, que los hace concentrarse hacia la Unidad suprema. Con todo, la distribución de esa Luz no es, por así decirlo, uniforme; se efectúa en una serie de gradaciones: las gradaciones divinas de la jerarquía celeste, y las gradaciones terrenales de la jerarquía eclesiástica. El Pseudo-Dionisio no pretende por lo demás, describirlas exactamente, pues reconoce el carácter imaginativo de sus símbolos. Especialmente, en lo que toca a las gradaciones celestes -dice al final de su tratado sobre la jerarquía divina— hubiera sido necesario para conocerlas «las luces de su iniciador».
Esta doctrina ejerció una gran influencia en la ascética y la mística cristiana, y en el quietismo de Miguel de Molinos.
El autor estuvo muy influido por el neoplatonismo, desde el que intenta interpretar el cristianismo, aunque con el deseo de serle fiel. Los monofisitas trataron de encontrar un apoyo en sus obras. Traducido al latín por Juan Escoto Eriúgena en el siglo IX, su teología negativa ejerció una gran influencia en la mística y la Escolástica franciscana medieval.
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