Erasmo y el humanismo
Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Febrero 13th, 2009 dentro de la categoría El rincón de pensar, El saber no ocupa lugar, En el aula

Comenzamos hablando del Renacimiento y nos hemos referido a Erasmo como personaje importante de este periodo. Os dejo información sobre este pacifista convencido cuyas ideas son de plena actualidad:
TESIS FUNDAMENTALES DE ERASMO EN EL TRATADO
“Institutio principis christiani (1516).”
Creemos que la fecha en la que se concibe y se escribe la obra es clave para entender el pensamiento de Erasmo: el mismo libro que Institutio se publica Philosophia Christi y un año después (1517) publica dos obras destinadas a la reformulación de su pensamiento como son Querella pacis y Paraclesis, id est, adhortatio ad christianae philosophia studium. Erasmo ha hecho un inciso en la escritura de Philosophia Christi para atender la demanda de Le Sauvage; evidentemente que en Institutio aparecen los temas del cuerpo místico que ya había tratado en el Enchiridion militis chrishani (1503) y en Moriae Encomium (1511), lo mismo que los temas acerca de la paz y la guerra que después tratará.
Debemos destacar va los puntos esenciales en la Institutio que pueden resumir todo el tratado y que adoran con desarrollo pleno en el conjunto de su obra. Estos puntos son en los que Erasmo se muestra en todo su esplendor y nos dan la clave para considerarlo un hombre de nuestro tiempo:
—El evangelismo. El humanismo evangélico preside todo el tratado, donde propone varias veces ejemplificaciones que podemos resumir con la expresión Philosophia Christi, concepto que probablemente mejor resume el contenido de ese cristianismo esencial, depurado de todo elemento accesorio, que es la doctrina erasmista. La figura de Cristo como arquetipo de la perfección del hombre ha llegado a su mas alta expresión, es al mismo tiempo imagen de una humanidad en la que todos los hombres son miembros de un cuerpo, cuya cabeza es Cristo en conformidad con la inspiración paulina de cristianismo interiorizado.
La concepción de la Iglesia como cuerpo místico del que Cristo es la cabeza y los cristianos son los miembros concede al laicado una importancia no menor que la jerarquía eclesiástica. Erasmo la concibe a esta (la iglesia jerárquica) reposando esencialmente sobre los obispos, pastores por excelencia. Recordemos el carácter eminentemente pastoral y misionero de la Iglesia tal como se dibuja en el Ecclesiastes de Erasmo.
El amor es el eje de la doctrina erasmiana. El mensaje que propone es el de un cristianismo esencial dirigido a cristianos para exhortarles no a creer menos, sino a creer mejor, a ser conscientes de lo que exige su fe, y en particular a la caridad. Este planteamiento le obliga a Erasmo a vivir entre dos fuegos: es bien conocido que el luteranismo se anticipa al catolicismo en la reprobación de Erasmo como un papista vergonzante pero los cató1icos le reprochan haber sido el precursor del luteranismo recalando de su Philosophia Christi como de un inquietante caballo de Troya.
—Pedagogía. Para Erasmo la cultura no era un fin en si misma, sino un medio de influir y transformar las instituciones que necesitan reforma o que deben ser sustituidas. Aparece como la base de la revolución cultural, indispensable a su época, y a cuya puesta en marcha contribuyó poderosamente. Desea que el mensaje cristiano tenga la mayor difusión posible; educando a la cabeza (el príncipe) educa a todo el cuerpo (el pueblo). A los humanistas de Carlos V, aunque alejados de la corte, les preocupa la vida política: se hallan cercanos al príncipe no con la intención de recibir prebendas o protección, sino para influir mejor sobre los demás. El deseo de Erasmo es ilustrar desde arriba a la comunidad universal.
—Irenismo o pacifismo integral, del que hace militancia. Erasmo se anticipa a los europeos por su pacifismo radical y convencido; tal vez cabría hablar de pacifismo desesperado. El antibelicismo es una constante en la vida de Erasmo. Debemos hacer notar la sensibilidad de Erasmo, intelectual que, con la pluma en la mano, incita a no combatir y se convierte en destructor de las pasiones, o si se quiere virtudes, denominadas belicosas. Erasmo echa su cuarto a espadas argumentando por que la bellacitas no es para él una virtud.
Con tristeza e indignación descubre la facilidad con que los gobernantes se dejan arrastrar a las guerras por las que tiran por la borda todos sus recursos y donde el vencedor, en definitiva, sale vencido, denunciando de forma clara los sofismas de la ambición dinástica y de la razón de Estado. La guerra es sólo una última ratio, una decisión extrema o último argumento cuando han fracasado las demás formas de acción y negociación. Si escribe tantas páginas de forma implacable contra la guerra es porque a su temple de intelectual le choca cualquier movimiento gregario. Evidentemente no carece de precursores en este mismo siglo, sobre todo a raíz de la conquista de Constantinopla por los turcos (1453). Precisamente a raíz de este hecho un teólogo español, Juan de Segovia, elaboró su “método pacifista” de “meter la espada del Espíritu divino en los corazones de los sarracenos” en estrecho contacto con un prelado mucho mas conocido que él como teólogo y filósofo, el obispo de Brixen y luego cardenal, Nicolás de Cusa, quien en 1453 compone el tratado De pace fidei, como reacción a la caída de Bizancio; pacífico diálogo o congreso ideal de las creencias religiosas. Aunque Erasmo no menciona a Nicolás de Cusa, no es imposible que haya sabido directa o indirectamente de su “irenismo” pues una edición de las obras del Cusano fue publicada en París por Lefevre d’Etaples en 1514. Pero la lectura de Nicolás de Cusa fue privilegio de una minoría, como lo demuestra el hecho de que no fue reeditado hasta 1565.
Erasmo no se escandaliza tanto por las denominadas “guerras nacionales” cuanto por conflictos entre reyes o entre coaliciones de soberanos. Para estos juegos de príncipes se reclutan ejércitos entre los súbditos para cada soberano beligerante, con soldados voluntarios, profesionales, a menudo con mercenarios extranjeros, de modo que resultan dos clases de tributos el de la sangre de las clases mas desheredadas y el de los impuestos de las clases contribuyentes. Pacifista antimilitarista, a Erasmo le escandalizó ver a unos sacerdotes o monjes predicando la guerra, a unos cardenales, o incluso papas, metidos en actividades guerreras. Odia visceralmente la guerra, que la considera antimoral y antievangélica, ya sean internacionales o guerras civiles.
A los catorce años de la edición de Instittutio, cuando el peligro turco contra Viena se hace cada vez mas angustioso, volverá el filósofo a tratar ex profeso el tema de la guerra contra el turco en su Consultatio de bello Turcis inferendo (1630) y no alterará su posición fundamental de repulsa de las cruzadas. Aquí asoma el otro aspecto, lleno de implicaciones teológicas, de la tesis de Erasmo contra la guerra a los turcos. Sólo la práctica ejemplar del cristianismo será la condición y el medio adecuado para someter a los turcos. Pero “hoy, a menudo, somos malos que combaten malos”. Como dice Bataillon9, Erasmo se hace eco de todas las opiniones adversas, ya por imposibles en el estado de lucha permanente entre cristianos, ya por descalificadas de antemano ante la opinión popular de la cristiandad pues los fieles, desengañados, consideraban la predicación y venta de las bulas de cruzada como una gigantesca extorsión de fondos, cuyo producto se perdía en muchas manos eclesiásticas y seglares, sin llegar de ello una blanca a supuestos combatientes cristianos. A estos les quedaba como paga el saqueo. La mayor imposibilidad según Erasmo, era que Dios ayudase a unas naciones cristianas sólo de nombre, plagadas de todos los vicios y pasiones mas opuestos a los mandamientos de Dios y a los ejemplos de Cristo.
De la acción violenta de la cruzada sólo se podían obtener dos resultados: una reducida minoría de falsas conversiones de infieles y el empobrecimiento de los cristianos, desmoralizados por la sumisión a una doble trama (seglar y eclesiástica).
De todas formas, para Erasmo, la mas escandalosa de las guerras (negación y destrucción, en general, de los valores traídos al mundo por Cristo) es la guerra entre cristianos.
Según lo dicho, podíamos definir la actitud intelectual de Erasmo ante la vida como la de hombre de vocación pedagógica y voluntad pacificadora, sin olvidar su dedicación a la mejora cultural.
ERASMO Y SU VISIÓN DE EUROPA: “EGO MUNDI CIVIS ESSE CUPIO”
A pesar de que Erasmo no escribe el nombre de Europa en el título de ninguna obra suya, si queremos elegir un personaje europeo representativo en el inicio de la Edad Moderna, sin duda su nombre destaca sobre los demás. La Europa que él concibe no es un concepto de su ideario político, sino que expresa un espacio geográfico donde se siente en casa situándose por encima de fronteras y divisiones. Llega a decir que el querrá ser ciudadano del mundo: ego mundi civis esse cupio.
El mundo para él es la patria común de los hombres civilizados. “Erasmo no se contenta con permanecer sólo a la Holanda de su nacimiento y de su adolescencia (Rótterdam, Deventer), a Francia, a Inglaterra, a Bélgica (Paris, Oxford y Cambridge, Lovaina y Bruselas), en donde pasó no pocos años; quiere ser también ciudadano de Italia, a cuyos eruditos trató en Venecia y Roma; ciudadano de Basilea, en donde fijó su residencia por mucho tiempo, y adonde volvió para morir, después de residir pocos años en Friburgo [de Brisgovia]”.
Conviene añadir que Erasmo actúa de corifeo de la humanistas renaciente de la cultura grecolatina y evoca un “mundo” heredero de las aspiraciones de la república christiana o christianitas (cuyo gobierno debe ser regido por el príncipe político cristiano) de la Edad Media. Se siente ciudadano europeo y, aunque por algunos países europeos ni siquiera viajó, si que contó en ellos con bastantes discípulos y amigos, desde España y Portugal hasta Hungría y Polonia.
Aunque “este ciudadano del mundo” hizo un elogio conmovedor de su patria chica, Holanda, y de sus pacíficos modos de vivir, en el Elogio de la locura se burla del amor propio localista en que se complace el patriotismo, propenso a transformar la alabanza de los méritos del reino, provincia o ciudad con afirmaciones de superioridad sobre los vecinos o rivales.
INFLUENCIA DE ERASMO. ERASMISMO
Erasmo fue un héroe de la nueva técnica de multiplicación de la escritura en su época de mayor esplendor. Aceptó sus servidumbres: desde la corrección de pruebas hasta el apremio que le imponía a veces el ritmo de lo que hoy llamamos lanzamiento o comercialización de un libro.
Los libros voluminosos “criaban”. Erasmo experimenta el orgullo y la desazón de ver multiplicarse fuera de su control las ediciones de sus obras más discutidas, así como los manifiestos mas agresivos para con los teólogos escolásticos y los frailes y monjes.
En ocasiones Erasmo se irrita ante la obra de sus traductores diciendo que multiplican el odio suscitado por su obra al mismo tiempo que su popularidad. “Pero si alguna vez Erasmo -dice Bataillon- manifestó amargas dudas sobre la noble función de la imprenta y sobre los beneficios que reportaba a la humanidad fue cuando la vio envilecida por comerciantes sin escrúpulos que lanzaban al mercado productos de detestable calidad tipográfica y también libelos difamatorios contra él, Erasmo, a quien no gustaba mucho ser objeto de escritos satíricos, él que había sido autor de tantos”.
Con la palabra erasmismo se quiere designar la influencia religiosa que Erasmo ejerció en su época. Recordemos cómo Erasmo fue sobre todo glorificado (y combatido) por su ferviente espiritualismo, cuyo corolario critico era la desvalorización de las ceremonias y de las practicas rutinarias; por su evangelismo, que preconizaba el retomo a las fuentes escriturales, con la consiguiente desvalorización de la escolástica. Pero tenemos que admitir también que este espiritualismo y este evangelismo no eran en modo alguno monopolio de Erasmo.
Es evidente que el éxito del espiritualismo erasmiano se debe a que ya estaba en el ambiente cuando Erasmo los formula; se debe sobre todo a que a partir de la revuelta de Lutero estallan unas tormentas que se renuevan sin cesar, y a que desde entonces las actitudes erasmianas fundamentales y, durante unos quince años en los que Erasmo vive aun y puede defenderlos, adoptan un giro histórico original que va unido a su propagación a través del espacio europeo que va desde la Península ibérica a Polonia, y en el período de tiempo que va desde la rebelión de Lutero al final del concilio de Trento.
Hasta tal punto la amplitud del fenómeno fue diferente según los países, y dependió en cada lugar del clima espiritual preexistente en el momento de estallar la crisis, que conviene hablar de erasmismos nacionales en plural.
En torno a Erasmo hay una verdadera revolución. Europa se ve invadida por nuevas ideas que tienen como referencia a Erasmo. Rápidamente corrió un aire fresco revitalizador que denominamos la invasión erasmiana. Desde España hasta Alemania, desde Flandes hasta Francia e Italia, en Inglaterra y países nórdicos se iba afianzando la reacción contra la piedad en la Edad Media, en la que habían adquirido un puesto excesivo las prácticas externas, muchas veces matizadas de superstición y a menudo cumplidas mecánicamente. Se quiere un cristianismo con mayor simplicidad en los ritos, un mejor conocimiento de la Escritura, piedad mas sincera dominada por la confianza mas absoluta en la misericordia y en el amor de Cristo. Naturalmente que no se trataba de una corriente bien definida, sino de una atmósfera espiritual generalizada, sobre todo entre las clases cultas y muy especialmente en los círculos humanistas.
Erasmo fue quien difundió en gran parte de Europa con sus escritos brillantes las ideas típicas de este movimiento la tolerancia, la vuelta a las fuentes, y la purificación de las estructuras deterioradas y anacrónicas que pesaban sobre la Iglesia.
Rápidamente surge un grupo de incondicionales, los erasmistas, a quienes une la admiración y el seguimiento de un guía: Erasmo, el maestro, teólogo y renovador de la nueva cristiandad Por el contrario, frente a ellos, no faltaran quienes descubran con convicción y contundencia los errores del holandés. Los antierasmistas no pararan hasta condenarlo y meterlo en el Índice.
Estos hechos están vinculados al clamor de “renovación” y «reforma» de la Iglesia. Muy pronto se elevará el grito de protesta de la reforma de Lutero (1517), quien, por otro lado, tratará de traer a su causa a la persona de Erasmo. De esta manera, nuestro autor se convierte para unos en el incomodo Erasmo, el que de repente se encontraba en la cima de su fama y no tenía par entre los teólogos católicos, y para otros en el hereje y padre de herejes.
Fue examinado con lupa por el clero, los teólogos, la Inquisición y la Curia Romana. El frente de la reacción antierasmista está compuesto por miembros de la jerarquía, de la universidad y por teólogos prominentes.
Erasmo, remitiéndose al texto griego, mostró cuánto se había devaluado el sentido original del cristianismo y de qué forma las autoridades exegéticas se habían valido de su poder y autoridad para perpetuar esto de forma no demasiado lícita. La modificación de cualquier texto sagrado resultaba molesta y peligrosa porque suponía arrebatarle a la Iglesia la autoridad y hegemonía y porque además iniciaba un proceso de renovación de la teología y las instituciones cristianas que sería secundado, radicalizado y llevado a la práctica por Lutero, Zuinglio y Calvino. De hecho, Lutero, aun separándose del erasmismo en muchos aspectos, utilizó la exégesis bíblica de Erasmo, así como su método humanístico.
Erasmo quedó en una situación muy comprometida respecto a la reforma de Lutero. Había comenzado ya la persecución de herejes y Erasmo se había visto envuelto en intrincadas polémicas de las que no saldría muy bien parado. A todos les parecía muy ambigua y sospechosa su postura conciliadora, neutral y tolerante. La Iglesia pretendía que públicamente condenara el luteranismo y los reformistas le acuciaban para que hiciese clara su adhesión al reformismo que ellos propugnaban. Se le acusaba de sacrílego e impío, de malinterpretar las sagradas escrituras y proteger y defender a los reformistas. Las presiones eran tan grandes que en 1524 Erasmo, a pesar de defender la pluralidad religiosa dentro del Estado, se decide a escribir una obra que trata un tema meramente académico pero en el que muestra su controversia con el luteranismo: De libero arbitrio (Sobre el libre albedrío).
Lutero había afirmado que la salvación de los hombres dependía exclusivamente de la libre voluntad de Dios. Tiene lugar por la fe otorgada por la Gracia divina. Para Erasmo, aunque la Gracia es la primera causa para la salvación humana, también las obras ayudan al hombre a merecerla. La responsabilidad personal es necesaria para que el hombre no se convierta en un ser negligente e impío.
Este posicionamiento de Erasmo en contra del luteranismo, que significó la ruptura entre la Reforma y los humanistas, no le ayudó a mejorar de su comprometida situación: »Por lo que veo mi destino es ser lapidado por las dos partes en disputa, mientras yo pongo todo mi empeño en aconsejar a ambas partes»
En 1527 numerosos fragmentos de sus obras se condenan, incluso sus Colloquios (Coloquios), una obra cuya finalidad era facilitar el aprendizaje del latín a los estudiantes y que estaba escrita jocosa y desenfadadamente como una serie de diálogos entre una diversidad de tipos que representaban al conjunto de la sociedad.
Aunque sus ideas se difundieron por casi toda Europa, dando lugar a una corriente denominada «erasmismo», de aquí en adelante y hasta su muerte acaecida en Basilea el 12 de Julio de 1536, Desiderius pasó una vida penosa, repudiado por todos y agravada por la gota y el reumatismo.
ERASMISMO EN ESPANA
El erasmismo alborotó profundamente la vida española Erasmo tiene en España un eco y una influencia especial. No queda rincón en la corte, en los conventos, en las catedrales, en las escuelas, hasta en las posadas de los caminos donde no se lea a Erasmo.
España, en esos días en que acaba de pasar por una grave crisis política y social, es extrañamente permeable a una palabra que halaga su propensión universalista, y que llega de Alemania como dicen con cierto estupor los súbditos españoles del joven emperador, cuando hablan de sus lejanos dominios del otro lado de Francia.
Esta devoción multitudinaria y espectacular surgida de la doctrina erasmiana explica el culto al humanista holandés del pueblo español, que invento dichos tan llamativos como aquel que declara: “Quien no ama a Erasmo, o es fraile, o es asno”. La idea expresada en el lema Monachatus non est pietas constituye el nervio de la doctrina erasmiana y en castellano ha encontrado una versión tan popular como el conocido refrán de que «el habito no hace al monje».
El profesor Abellán, después de constatar la implantación y el culto del erasmismo entre nosotros, llega a estas tres conclusiones: 1) el erasmismo arraigó en España como en ningún otro país europeo; 2) encontró en ella las condiciones culturales y sociales necesarias para su adaptación, 3) sufrióla transformación y reelaboración imprescindible para convertirlo en un movimiento autóctono. Hasta el punto de que el investigador del pensamiento español llega a formular esta Cuarta conclusi6n: “Erasmo fue holandés, pero el erasmismo es español”.
Para terminar podemos resumir, siguiendo a Abellán las características del erasmismo español en dos: reacción contra la inmoralidad y contra la paganización de la cristiandad y Cristianismo interior, cuyo eje es la Philosophia Christi de la que ya hemos hablado en su momento.”
Enero 15th, 2010 at 5:31 pm
[...] de leer el libro de Erasmo de Roterdan “Educación del Príncipe Cristiano” debes responder las siguientes [...]