El sabio-gobernate. Platón y la República
Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Octubre 10th, 2008 dentro de la categoría Comunicado, El saber no ocupa lugar, En el aula, RecuerdosPara Platón el poder sólo es legitimado por el saber y los gobernantes tienen que acostumbrarse que la mente debe acostumbrarse a razonar alejándose de lo sensible. Así, mediante la dialéctica ascenderán a la contemplación de la idea del Bien cuyo orden intentarán implantar en la ciudad. Pero el ascenso hasta este tipo de saber, que Platón denomina filosofía, exige un entrenamiento intelectual. Por eso la educación de los gobernantes tiene como objetivo final el conocimiento del bien, conocimiento que denomina intuición en el último tramo de la alegoría de la línea.
Los sabios se esforzarán por servir al Estado sin buscar ningún beneficio personal. Si esto se consigue, sobran las leyes y la rebelión honesta permitida pues significaría que alguien quiere ocupar un lugar para el que no está.
Pero como el ser humano es un ser limitado e imperfecto, Platón introduce dos mecanismos para evitar desajustes que alteren la armonía de la ciudad: la abolición de la propiedad privada y de la familia para los gobernantes y guardianes y la educación, sin distinción de sexo u origen social para todos. Los gobernantes no tendrán familia porque es donde se acumula la riqueza y si los guardianes tuviesen riqueza además de fuerza se convertirían en tiranos.
La visión de Platón sobre la justicia va muy ligada a la del Estado. La justicia es lo que hace que los gobernantes ofrezcan a los gobernados todo lo que necesitan, (observamos que la justicia sólo afecta a los poderosos). Los justos, son los gobernantes sabios y buenos, en cambio los injustos serán aquellos que hagan las cosas egoístamente, pensando sólo en su propio beneficio. Serán gente incapaz de hacer algo conjuntamente pues al sólo querer beneficios terminan aprovechándose del prójimo.
Para Platón, la justicia, es la virtud a partir de la cual podemos alcanzar otras como la Bondad, la Concordia o la Amistad. Además, la justicia es provechosa porque el que es justo recibe justicia y al final, si todos somos justos y ejercemos nuestro trabajo correctamente, la sociedad mejora.
El ideal de felicidad platónico se halla esencialmente vinculado al de la ciudad: el hombre podrá llevar una vida feliz si la ciudad es capaz de promover la felicidad de sus ciudadanos proporcionándoles educación y justicia. La adecuada organización de las partes, realizando cada una la función que le corresponde, producirá justicia en la vida individual o armonía interior (felicidad) y justicia en la vida social o “armonía general” (vínculo que mantiene unida la sociedad.
El espíritu de El Estado debe tener como excelencias la sabiduría, la valentía, la moderación y la justicia.
La sabiduría: El Estado debe ser sabio, y por consiguiente, prudente. La prudencia y sabiduría procede de los guardianes y gobernantes, pues los artesanos no son sabios ni tienen que serlo.
La valentía: En el Estado es valiente el que es fiel a sus principios en todo momento. La moderación: La moderación es la que hace que todos los habitantes de El Estado repriman sus deseos y lleven una vida recta y de acuerdo con la educación que se les ha proporcionado desde El Estado.<
La justicia: Es la más importante, pues es la que hará que cada miembro de la sociedad asuma su tarea y no invada territorios de los otros. La justicia es el ideal de la comunidad.
Los temas centrales de la República son el empeño por mejorar, en una ciudad justa, a los ciudadanos que viven en ella se concretan en una serie de tesis, la primera de las cuales podría ser la base fundamental de todas ellas: no hacemos un estado tratando de que una clase de ciudadanos sea feliz, sino que lo sean todos” (Rep.220b). Para ello son precisos algunos requisitos:
Tener una idea clara de justicia, como lo hace en los primeros libros de la República.
Superara la concepción tiránica de la política, en la que algunos ciudadanos imponen por la fuerza o por el engaño su particular egoísmo.
El gobernante no está para atender su propio bien, sino al del gobernado”(Rep.347b)
Educar a los ciudadanos y, sobre todo, a los políticos.
Esa educación llevará al poder a los más inteligentes y generosos, “A no ser que los filósofos reinen en las ciudades… identificando filosofía y poder político y, de esa manera, se excluyan tantos como hoy se encaminan por separado a la filosofía y a la política”(Rep. 473d-e)
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