Los sofistas
Publicado por Pedro Jiménez Guijarro el Septiembre 13th, 2008 dentro de la categoría El saber no ocupa lugar, En el aulaCon los sofistas se produce un giro radical en la reflexión. Ya no importa el ser de las cosas, ni como se hace manifiesto o su verdad. Lo importante ahora es lo que interesa: aquello que seamos capaces de decir acerca de las cosas frente a los otros hasta conseguir convencerlos y atraerlos a nuestra manera de ver la realidad. El problema de los primeros griegos del ser se convierte en el problema del decir, mejor dicho saber decir, que se ejercita en conversación con los otros.
El sofista aparece como un profesional del saber, con el tiempo la acepción de sofista estará llena de desprestigio y pasa a ser sinónimo de embaucador y charlatán.
Si bien los sofistas principales actuaron en la Atenas de la segunda mitad del Siglo V A.C., en realidad eran casi todos extranjeros; por lo cual carecían de derechos políticos en la ciudad. Sin embargo, se hacían notar públicamente, porque varios de ellos ejercían funciones diplomáticas como embajadores de sus ciudades de origen, lo que les confería el derecho de hablar en la Asamblea y les facilitaba el trato con todos los hombres prominentes.
En este sentido, es preciso tener presente que los sofistas actuaron en la época de oro de Atenas, y que fueron contemporáneos y frecuentaron el trato de hombres como Pericles, Herodoto, Tucídides, Sófocles, Eurípides, de Fidias, de Anaxágoras y de Zenón.
Los sofistas recibieron juicios altamente negativos, por parte de Sócrates y de Platón, quienes al parecer los despreciaban principalmente por atribuirles un desmedido afán de lucro. Sin embargo, no puede perderse de vista que si obtenían éxito en su medio, de alguna forma quienes aceptaban pagar por sus servicios habrían de encontrarlos valederos. Al parecer, en su medio y época tuvieron su prestigio; al extremo de que se dice que cuando la ciudad de Atenas resolvió fundar una colonia en la península italiana, en Turos, encargó a Protágoras que redactara su constitución.
Si que es verdad que aunque no formaron escuela sí que es un movimiento que defiende la convivencia democrática: el uso de la palabra, la educación por encima del linaje y la unidad de todos los griegos.
En sentido estricto, y debido tanto a su probable gran número como a su método de actuación, no puede decirse que las doctrinas de los sofistas sean conocidas por la posteridad en forma directa, a través de sus expresiones escritas. En realidad, se les conoce principalmente a través de las transcripciones de sus supuestos diálogos, principalmente las contenidas en las obras de Platón. Entre ellos pueden mencionarse a Hipias, Protágoras, Euridemo, Pródico, Gorgias, Antifonte, Licofón, Trasímaco, Critias y Calicles.
El movimiento sofístico suele dividirse en dos generaciones: la primera generación, fundamentalmente integrado por Hipias y Protágoras; y la segunda generación cuyos principales representantes fueron Antifonte, Trasímaco, Critias y Calicles. Todo indica que en realidad, la inclinación al pesimismo y al irracionalismo fue principalmente una característica de los últimos sofistas; ya que los primeros predicaban una doctrina conforme a la cual la posesión de mejores conocimientos permitiría cumplir mejor los deberes del ciudadano.
Protágoras, que posiblemente vivió entre los años 480 y 411 A.C., pasó a la posteridad por la frase que se le adjudica y que condensaría la doctrina sofística, de que “El hombre es la medida de todas las cosas; de las que son en tanto que son, y de las que no son, en tanto que no son”; que sienta lo que se conoce como la tesis de la homomensura.
Para Protágoras ninguna cosa tiene entidad propia, y es por ello que solamente adquieren las que el hombre les otorga. Pone el ejemplo de la enfermedad, que puede ser mala para el enfermo, pero que es buena para el médico que la atiende.A pesar de que en general los sofistas no dejaron exposiciones escritas, se sabe que Protágoras escribió una obra titulada “Sobre los Dioses”, en la cual sustentaba una posición agnóstica que seguramente no era aceptable en su época; otro llamado “Discursos enfrentados”o /Antiologías, y un tercero denominado “Acerca de la Verdad”.
De esas obras han perdurado algunas afirmaciones, tales como la de que acerca de cualquier asunto hay dos posiciones que se oponen entre sí; y la de que debe perseguirse como objetivo transformar el discurso más fuerte en el más débil.
En definitiva, Protágoras postularía una teoría del conocimiento de índole relativista, conforme a la cual el hombre no cuenta con elementos objetivos que le permitan evaluar correctamente los datos de sus percepciones. De ahí que no existan medios para tener seguridad de que lo que conocemos existe tal como lo conocemos, que siempre exista la posibilidad de que los hombres discrepen en torno a toda clase de asuntos, o de que en realidad tampoco puedan llegar a alcanzar certeza en asuntos religiosos, en cuanto a la propia existencia de los dioses.
En su diálogo “Protágoras”, Platón relata un mito en el cual éste trata de explicar el origen del mundo, y el dominio de las artes y la técnica por parte de los hombres. Dos hermanos, Epimeteo y Prometeo recibieron de los dioses la encomienda de darles a todos los seres las cualidades adecuadas para sobrevivir; pero Epimeteo utiliza todas las cualidades disponibles antes de llegar a ocuparse de los hombres, por lo cual Prometeo, para proteger a los humanos, roba la sabiduría a la diosa Atenea y el fuego al dios Hefestos. Es un relato conocido, pero al cual agrega Protágoras que, a pesar de tener esos atributos, los hombres eran incapaces de subsistir, porque no disponían de la sabiduría política; de modo que Zeus envió a Hermes a dar a los hombres el aidós, algo así como el concepto del deber de respetar las leyes de la polis.
En consecuencia, para Protágoras lo que separa al hombre de los animales no es solamente el lenguaje y el dominio de la técnica, sino la capacidad de convivir políticamente. Las interpretaciones más modernas - sobre todo atendiendo a la valoración de las reglas relativas a la convivencia política, que de todos modos ha sido una de las vertientes importantes de la filosofía en sus orígenes y tal vez lo es todavía más en la actualidad - la concepción de Protágoras, y de la sofística en general, se señala como una forma de resaltar que, en la dinámica de la democracia, debe cultivarse la capacidad de persuadir; a partir del concepto de que si bien no puede afirmarse que la mayoría tenga razón meramente por serlo, de todos modos el mejor curso de acción posible para la sociedad sea aquel que cuenta con el respaldo de la mayoría.
Se adjudica a Gorgias de Leontinos, en Sicilia, que habría vivido entre 484 y 375 A.C., asumir posiciones todavía más extremas que las de Protágoras. Frente al relativismo que sustentaba Protágoras respecto a que el conocimiento de la verdad era relativo al hombre, y que las cosas no tienen un ser en sí mismas; Gorgias profesa un auténtico nihilismo, conforme al cual la verdad sencillamente no existe, todo se disuelve en la nada. En el campo del conocimiento, no existe una physis, un modo del ser; y en el campo de la moral o de la ética, no existen ni el bien ni el mal. Se le atribuye - a través de uno de sus diálogos relatados - haber sostenido que “Nada existe. Si algo existiera no podríamos conocerlo. Y si acaso pudiéramos conocerlo, no nos sería posible comunicarlo”.
Septiembre 20th, 2008 at 12:38 am
[...] curso ha comenzado y, como aperitivo, os recomiendo que leáis un libro muy sugerente y cargado de emoción. Se trata del diálogo de Platón: “Apología de Sócrates“ donde Platón demuestra el [...]
Octubre 4th, 2009 at 9:36 pm
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Octubre 4th, 2010 at 6:51 pm
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Octubre 27th, 2010 at 5:35 pm
[...] entre naturaleza y cultura nos remonta hasta la Antigua Grecia, no podemos obviar la distinción sofística entre natural y convencional (que relacionaban con las leyes), naturaleza y cultura (physis y [...]
Noviembre 23rd, 2011 at 12:44 am
Me ha gustado la anécdota del final. Es graciosa y te ayuda a comprender mejor el escepticismo.